¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.



Netzahualcóyotl de Texcoco


y un día







Que si escribo es por decir el poema,
por sacarlo de dentro de la roca.

Pero el cuerpo que tiembla
es la piedra, decíamos nosotros
tan pequeños como arrojados
a la palabra.

Sacar a la belleza de paseo
observarla desde las sombras
y ponerle su cruz
y no una florecilla,

todo es tan grande y tan minúsculo.


Y un día escribes
y dices amor.





Historial



No digas ni te manches
de la casualidad onírica
del sueño tropezado
con tu cabeza y el frío.
Anoche hizo calor y un homicida lloraba
pero era una película cruda como el secreto
de noviembre y sus años.
Está por ver si la biblioteca contiene todos los títulos
que acumula el polvo en sus estantes,
está por verte con tus manos
el silencio
haciendo que lo quitas y lo pones sobre tus ojos
mientras tiemblas
reflejada en los azulejos de las fuentes.





el gesto



Pensarás que no eres y la niebla no va a decir que es niebla porque te venda los ojos y tú entraste por un hueco que atraviesa la luz para encontrarte con la inercia de dos cuerpos que sólo se mueven con su caricia.
El rasgo invisible del aire va de la boca a la boca, la respiración se traza apenas tangible en el vapor desprendido por la palabra al calentarse el gesto de las pieles que se forman con el intercambio íntimo de oxígeno.
A partir del espejo amorfo dos cuerpos se crean a sí mismos evaporados, gotean la propia niebla que son, el agua que los confunde.




El poema, el árbol y el tigre



Cómo va a ser que del poema
nazca un árbol o un tigre,
si no hay ramas, si no ni un óvulo,
cómo va ser que diga o gruña

o le crezcan pájaros o que sea
un alga, una medusa
dentro de una ensalada submarina,
cómo va a serlo si lo comes
y en el gusto te deja el sol
o sabe a negro,
cómo va a ser que de nocturno

dé dos pasos y salga de la luna
sin halo y con dos cicatrices
que son cuchillos y son niebla,
cómo va a ser una naranja

si a veces pica y es amargo
o es un limón exprimido en la lengua,
cómo va a serlo si es un bicho
y es una fiera castigada
dentro de una flor o en su espejo,
cómo es posible que lo sea

y te contagie un beso
o se te pegue a la nariz
su aroma corrompido y vuelva
otra vez aquel beso como piedra
y la fragancia huela a rosas,
cómo será de incierto cuando leas

y el poema, el árbol y el tigre
se hayan ido a buscar otro poema,
cómo va a ser capaz tu boca
de averiguar el cómo y cuándo y dónde,
el cómo y su imposible,
porque cómo va a ser relámpago
y una ventana abierta,

o tener voz de agua
y llorar en el vértigo,
cómo será posible traducirlo
y que sea un poema y no un armario
atestado de sabandijas
o de jardines y florestas,
cómo va a ser creíble mi cintura,
tu piel o tu latido en el poema,

cómo va a poder serlo.




Te han encontrado







Te han encontrado con la araña
y estabas en cuclillas frente a la sombra azul.
Estabas con las piedras en la boca,
les enseñabas de los verbos
su principio de enjambre.
Te encontraron con la ignorancia
antes de amanecer la sombra
o de llevarte el sueño
hacia la idea de los pájaros.

Te columpiabas en la orilla
de una casa nocturna,
insistías en hacerle el amor.
Porque de esa manera extraña
el secreto te envuelve.

Has soltado la lluvia en el poema
-pobre poema inmaculado-,
y un animal mancilla su esqueleto.

Te han encontrado con los hijos
de los números rojos.
Estabas en el borde del violeta,
con una mano llorabas dos labios
y lo pensaste todo alrededor
anónimo en su jaula.
Te han encontrado dentro
y también fuera del océano.

Has hecho leña de tu vientre
y te comiste sus manzanas
con el gusano.
Una sola raíz hunde la tierra,
una sola te dice.

Te han encontrado lejos.
Apenas una pluma.



abrazar



Recuerda cómo tiene que abrazarse para mantenerlo dentro de sí.
No sabe si es un sueño pero sabe también que despierta, que lo está, y sucede un acto de nacimiento creando una ensoñación de la oscuridad que alcanza a mirar con sus ojos abiertos. Entonces los cierra, escucha y ve, conoce. Siente.
Recuerda que no está soñando, la huella persiste más allá del silencio que ocupa su lógica; piensa, imagina, tal vez consigue con su extensión la largura que desea para sus manos, para su cuerpo, para su todo, y así lograr entender el prodigio que le ofrece la propia ausencia.
Sabe y no comprende, comprende y adivina que no puede saberlo, y sin embargo descubre que comienza a abrir sus labios, sabe que su boca está desnuda y a la vez desnuda otra boca, otra ausencia más cercana, si cabe, que la suya.
Retiene el aire, descifra los trazos de una voz que se hace próxima a su lengua, y se entrega a respirar el aroma de otra carne que se da a su carne, que le propone vida con su roce húmedo.
En el hueco de su duermevela recurre a acogerlo íntimamente en sí, lo envuelve, se ovilla en la profundidad de su ternura más secreta.
Sospecha que el dolor no termina ahí, lo intuye más adentro, también más oculto e intenso, hiriendo el temblor. Le duele y acaricia su herida para sentirla crecer, por tratar de llegar al origen de la presencia que se le adhiere, a la que se abraza abrazando, sintiéndose.










espejo



Le pregunta a los ojos que mira
si va a alguna parte
donde existir tenga un nombre
o una extensión
que recorra
lo que hiere

es eso la recompensa
al estímulo del apremio
o tal vez la reciprocidad
existe como existe el fruto
que se arracima en el cáliz
del que come la propia herida
gritando.

Los ve y la pregunta
no importa, no es necesaria,
los mira y lo sabe,
no espera que la locura
penetre más íntima
porque ya está y se cumple
que cada palabra
delante del espejo
se responde a sí misma
y desde ella él
él lo siente.




Su amante golpear



Siempre me puede el puño
cuando peleo contra mí.
En el cuadrilátero estamos solos
él y yo, tan parciales como esquivos
en esta circunstancia sin matices.

No me he peinado, el agua y su cuchilla
esperan mi regreso entre las cuerdas,
volver a los desiertos donde el mar,
a la herida en el páramo, y al beso.
No me peino y me puede el puño,
me puede la razón de la marea
y el contrincante se hace fuerte
en el ventrículo derecho
con su latido residual.

Izo la mano como una bandera
en son de calma, la sujeto a un mástil
y el viento se la lleva hacia tu rostro.
Siempre me puede el puño y cada sílaba,
como un sueño en la herida, hurga
hasta que me dejo sangrar
y tú vienes a morirte conmigo.

Otra vez el puño, otra vez la letra
y la cruzada contra el surco
en el renglón se torna miserable,
pequeña es esta guerra y el soldado
sin armas la deduce inútil,
ya perdida y pronosticada,
tan difícil de demostrar
como tu lengua en mi cintura
o mi boca descubriendo tu cuerpo.


-Siempre me puede, no lo niego,
me vence, me abandono
a su tibio y amante golpear-





derivar



Todo esto es por la sombra
y lo es por una cierta luz.
Todo esto, lo que parecen palabras,
no es sino el otro verbo.
Y también lo es que el alma elija.
Quizá quise decirte,
te dije
y te llamo amor mío.





aprendimiento



Todavía tengo que aprender a ser viento.
Aprender a ser bosque.

Bosque y viento
agua

no sé.











evacuación



va saliendo del túnel
de la noche abrupta
va saliendo con su hoyo
a cuestas y se dobla
como si en su espalda el viento
hubiera dado un grito
o le hubiera dejado los pies
en un salto imposible
hacia la vida oculta
de las palabras

va y sale de la hostilidad
de su boca contra sí misma
se mueve se arquea se ensucia
se descubre se dice
ávida escindida
salvajemente se dice
se aúlla
y todo lo nombra

incluso la piedra está viva
incluso sigue estándolo
como ella



Allí, tu mano



Junto a la piedra
el viento desordena su cabello verde,
lo acaricio como el aire con un roce de mariposa
olvidada en el otoño,
su tacto es húmedo, diría que es agua de anoche,
agua o palabra que el mar quiso decirle a la luna
cuando dormida soñaba envuelta en nubes.

Está desnudo, huele a tierra, a savia que se retuerce
ascendiendo hasta las yemas de mis dedos,
y profundizo en los sabores entregados
al sentido latente de la boca
al beber de él las ensoñaciones
de otros labios que al mismo tiempo
toman de mi lengua la clorofila
de una lágrima.

Sobre la piedra el llanto de un beso,
una herida que se abre a la lluvia
para cerrarse alrededor del sueño
por el que viajan las raíces de los árboles.

Al fondo, allí, tu mano
entre los filamentos que como sedales
se deslizan hacia la mía,
y nos tocamos,
nos roza a la vez la dulzura
y el musgo nos asalta con su espina
de flor de cactus.













La Falta










Silvia Grav





Besarte a veces









Besarte a veces                                                                                                                 
sin prisa y tan despacio                                                                                                      
con un ciervo en la lengua.                                                                                                 
Besarte a veces                                                                                                                 
sin que lo notes                                                                                                                  
sin que lo sepas                                                                                                                 
con un lobo en la boca.                                                                                                     
Besarte                                                                                                                             
tan suavemente                                                                                                                  
como si un tacto el agua                                                                                                     
como al besarte                                                                                                                 
como la ausencia.                                                                                                              




No es



El poema no es lo que dices
porque él te observa y trata de confundirse
contigo y no con lo que ves o con lo que dices estás viendo
El poema está allí, allá, por debajo, por encima, ahí,
sobre, afuera y es de adentro sobre todo
un plus ultra, un pensamiento que no se sabe decir y busca
algoalguien con quien hablar o contarle al verso o decirte
a ti sin que se lo impidas por más o menos que al irte
no dé resultado y te dé un bofetón o un golpe y te duela
y si te asalta la piel ya no puedes más que aflojarla
y querer decir, sin embargo, con la piel a flor de pulmón
pero con la piel sin respirarte.
Y el poema está aquí y viene del más allá
de donde lo ignorado se sabe a medias tintas,
ese dónde de donde regresa el pájaro sin plumas
y la ventana no deja de mirarte con los ecos rotos de sus vidrios
y quieres tocarlo y lo tocas pero es inalcanzable
porque el poema no es el mismo,
el poema que tocas no es el poema porque tocándolo cambia
y en el cambio te ha desvestido y él se puso al huir
otros ojos con que verte por dentro siempre por dentro,
como sólo saben mirar y ver los poemas
acostumbrados a la esterilidad y a morirse
ensartado entre dos piedras afiladas.




Como la lluvia








Como la lluvia                                                                                                 
    al encontrarte tierra                                                                                     
al saberte desnudo                                                                                          
     y resbalarme agua                                                                                   
                                                                                                                     
como la lluvia                                                                                                  
me derramo sobre tu cuerpo                                                                   
     nube a nube                                                                                                     
           pétalo a pétalo                                                                                  
                                                                                                                      
humedecido el deseo                                                                                       
       vertiéndome en tu goce
alimento tu lengua                                                                                            
                                                                                                                      
         con el salitre de mis olas                                                                  
                                                                                                                      
mojo el vértigo de tu playa.