¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.



Netzahualcóyotl de Texcoco


Lo que no existo




Entiendo
que pasó un año.
Lo que fui me recrea
en la saliva de los lobos.
Quizá la sangre de los verbos
sea distinta de las sombras
y de su participio.
Así lo escriba con los labios
y me diga el papel del tiempo
acaso no eres otra, acaso la de siempre.
Pálida como el frío
todavía en el páramo, todavía la carne
me dice con su boca.
Entiendo que no soy
y también soy el hueso, y la ceniza de mi lengua,
lo que no existo.




Serán tus ojos



Al asomarme afuera
sé que estoy dentro.
Afuera el cielo es otro.
Dentro es distinto.
Parece una palabra.
Algo como una gota
un desconocimiento
que duele como un sueño.
Será la lluvia.
Serán tus ojos.




Últimamente me encierro y no salgo








Últimamente estoy hablando en sueños.
No necesito pellizcarme los ojos,
todo permanece en esa mariposa
que aletea los labios
mientras el sol los alcanza
y se sumerge en sus heridas.
Una cicatriz no es un bordado
ni tiene alegres colorines,
es tan sólo una línea de fuego
por donde se entra a hurtadillas
para venir a morirse con los peces
y la sangre o sentir otra boca
lamiendo el ombligo.
De un tiempo para acá nada en mí es cierto
o lo es al menos la dulzura de saberme
desatada y a la vez llena de nudos,
es cierto todo y desenlazo poemas
y me despeino detrás de los biombos
donde ocultar mi desnudez está bien visto
y nadie viene a echarme un perro
o de la casa que me habita
cuando el humo me llega en señales
y la piel no tiene otra forma de abrirse
y enseñar su contenido.
Últimamente me encierro y no salgo,
me rodeo de paraguas para mantener
tu sombra en mi sombra muy adentro.




Se abre en tus ojos, se abre silenciosa








Se abre en tus ojos, se abre silenciosa,
baja por tu garganta
y te siembra una espina.

Una flor silenciosa es un poema.





Somnus (Per la mare)










Somnus (Per la mare) [Para la madre]
Hermoso tema incluido en cd Somnus (2010)
Música de Romà Alonso






Te espero levantada



Te espero levantada y tú vienes dormido
de la mano de los árboles que dicen con sus ramas
querer tocarme a medianoche.
Es cierto que la inminencia nos aleja de nosotros
como si fuéramos distintos y las palabras
nos hablaran en ese idioma que parece amor
o es una parte de la sombra todavía desconocida.
Podría esperarte mientras invento el mapa
de un mundo simplemente anónimo,
suponer que el tiempo en esa tierra
gira en torno a las rocas que damos vuelta
buscando algo importante, una casa o un cerrojo
para entrar callando sin despertar al silencio
en su camino hacia nuestras lenguas.
Ya ves que no lo niego y hago fotografías lejanas
desde muy cerca de tus ojos.
Me estoy quedando sin respiración,
esta es la entrega al comienzo de lo único
y no deja de ser cruel la forma en que nos persigue
la sexualidad de los verbos, aquella otra voz
que deambula oscilándonos en un pequeño grito
como si al escucharnos tuviéramos la boca
llena de colores y de bestias.
Siento al peligro regresar con calma aparente,
su silueta es necesaria ahora que somos un cuerpo oscuro
dentro de nosotros, ahora que el alma está inquieta
y se nos rompe.




Islas de arena








Nos gustaría el color de la tarde
que miran nuestros ojos,
descomponer sus tintes
con los ocelos de una mosca.

Han pasado las nubes y nos andan
los horizontes en las manos,
este cielo es un ruido a la deriva
y todas las palmeras en silencio
nos acercan al mar.

Estuve contigo y junto a las sombras
ignoramos los espejismos
de las islas de arena.
Con la llegada de la oscuridad
el agua es luminosa
y nos deja escribir una palabra
en la orilla de cada nombre;
la tuya inicia un gesto solitario,
la mía es un esguince
y ambas se cuentan en secreto
otras palabras en otros colores.

Podemos correr sin motivo
hacia la insolación
y despertar en el refugio
de un poema sin rostro
para poder mirarlo
y después, frente a él, quedarnos quietos
esperando, si llueve, a que nos diga.



A Juan S. Rojas Miranda




Poema



Esto es sencillamente así:
escribirte y sangrar al mismo tiempo.
Pero qué quieres tú-poema,
qué quieren los demás, los tantos otros,
esos encaramados a las horas
ronroneando
como si fuesen elefantes
y no gatitos persas.
Qué no diré mañana
cuando el sol no me venza
y yo en mi sombra escriba
con un amanecer entre los muslos
rebosante de idiomas
y agua bendita.

Esto es tan simple como abrir los ojos
o tenerlos cerrados mientras
sucede el mientras y antes y después
sucede un diálogo de amor
bajándome las bragas
sin darme cuenta
porque nadie me ve
y la iglesia está lejos de la carne.

Y entonces viene el dedo y me hace daño.
O no me lo hace y me dice que estoy enferma
de ese amor que parece de mentira
y es amor de río o papel,
viene el dedo y me mancha
y me dejo el cuerpo allá arriba
imposible de dominar
porque el dedo es un dios oculto
y acaricia mis luces indomables
cuando no hay sol y escribo
te quiero
en todas las paredes que te besan.

Más allá del anhelo
está la cerradura siempre abierta
al dolor de la vida, a los peces, las aves,
y sobre todo el musgo.

Esto es así y el verso se emancipa,
no son tan sólo sílabas,
es mi amante y corro a besarlo,
le deseo con un deseo
de muerte, de animal vencido
y de animal quemándome
la arritmia.
la entraña y el decoro.
Tan adentro el dolor,
tan íntimo el orgasmo.

Y así permanezco en el fuego.
Ardo y el tú–poema se me clava en la boca
y gozo
y se me hunde y me penetra
y gozo.
Gozo cuando me mata,
cuando le mato
y en mí y conmigo resucita.




Hay sangre en el poema



Hay sangre en el poema,
sangre que calza y viste la metáfora,
los símbolos, y parece la muerte
o todas las pequeñas muertes
de un cuerpo que no acaba de morirse
y apenas se entretiene declarando
que la muerte no tiene coartada
porque hay muertos que mueren
a pesar de su propia muerte
en otro cuerpo que al morir no muere
ni se desangra
pero sí flota dentro de su vientre
una gota de sangre y un poema.
Un enjambre de muertes
y en cada una los muertos con su piel
de alegoría y lágrima.





Mírala en mis labios



Soy quien canta y abandona su muerte
en la mano del vacío,
la que acaricia un cactus
y se adorna con espinas.
Escribo en las lápidas de los sueños,
les hago un hoyo y digo
aquí está tu nombre,
hombre, he ahí la última de tus voces,
mírala en mis labios, en las sílabas que pronuncio
antes de cavar en la tierra.

Yo soy la renuncia, una despedida,
me mantengo en el margen del secreto
y custodio las llagas de las bocas
entre los hábitos de la niebla.
Un aire de nieve, un número primo, la esquina,
alfa y omega del viento, el crepúsculo
donde el mar muere y tus ojos se alimentan,
soy el dedo del agua y te penetro atravesando tus pupilas
tan íntima que te duelo.

Soy el luto vestido de arco iris,
todos los colores del negro y la sombra de los grises,
un cerezo, la lavanda, una piedra mordida,
un higo seco,
la primavera más alta y el invierno más profundo,
soy la alondra y el quebrantahuesos,
las lágrimas de tu falo, soy un faro al norte de tus ojos,
el dolor de tus huevos, la libélula de tu saliva.

Yo soy una línea en blanco, una palabra oscura,
las células de tu grito,
la de la sangre cuaternaria y antigua,
el estómago de la noche y el bostezo en la pared,
la gana de ganarte a orgasmos la partida.
Soy lo que esperas y desesperas,
mi propia ausencia, mi olvido,
una mujervolcán, una cierva, una loba en celo,
soy la exageración de los pronombres,
tu lengua,
una mota de polvo en tu cuerpo desnudo.

Soy la arquitectura de un edificio en ruinas,
el harapo de un mendigo,
una sierra para tus huesos,
tu memoria perdida y el retorno de la amnesia,
una negrura y una luz transparente,
tus andares al cementerio y la vida,
la paloma que te arrulla,
la mariposa embarazada de tus hijos.




Poema



Me dices que llorar es improductivo.
Ninguna flor resiste tanta agua
en sus momentos desolados
y la sal sólo la soportan las algas.
Hay quien es capaz de sentir
una muerte en el paisaje.
Hacer llorar a una piedra,
eso sí que debe de ser doloroso.
O mantener las piernas ocupadas
en saltos que no tienen nombre.
Contradecir el pensamiento
es como escribir un palíndromo
aunque al final siempre se sabe.
No mantengas tu boca bajo el grifo
cuando de él sale la voz de un pájaro,
no me digas que no riegue las flores.












Parece un páramo



Una mujer se acuesta en mí
con sus zapatos rojos de domingo.
Son zapatos de salir corriendo
de una iglesia después de oír la misa
y no entender por qué dios no se encuentra
en el confesionario cuando crees
que el sacerdote, oculto en su enrejado,
no te va a perdonar lo que confieses.
Una mujer se acuesta conmigo
y me mira la mano,
dice que en alguna huella
se puede leer todo, yo le digo que no
porque mis dedos ya no tienen piel
y sólo pueden verse en algunos espejos.
Esa mujer parece un páramo,
sus pies en los zapatos no saben caminar
sobre el agua, no sabe que son pájaros
sus ojos y que ayer entre los árboles
volaban las ardillas mientras el sol la amaba.
Viene y soñamos juntas,
en el sueño sé que puedo ser ella
y que ella se parece a mí
cuando me mira.





Va a parecer que tengo entre las manos



Va a parecer que tengo entre las manos
lo que miras y ves cuando te llegas
con un ojo a mis dedos y me entregas
tu mirada manchada de veranos.

Parecerá que sueñan con pantanos
las gotas del invierno que navegas
con tu labio al timón de velas ciegas
al surcar siete mares artesanos.

Asomará la arena en el poniente
y en un hueco ilegible será el agua
la que escriba y pronuncie con su lengua
todos mis pensamientos de repente.

Me sentirás y yo estaré en la fragua,
esperándote al filo de una mengua.


~soneto~


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