¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.



Netzahualcóyotl de Texcoco


Precedente



Este y no así
y ningún pero
pero sí del poema
este de absurdos
al recrearlo en formas
y hacer equilibrios
que no un equilibrista cae

sino que cae
desde dentro al desde fuera si un verso
me confunde con nieve
y me desluzco en la palabra

alguna vez desesperando
al pie de las gaviotas y sus plumas
sirven para escribir
poemas como islas
como muñones si te digo

abrázame con aquel agua
interrumpida
fórmula de nuestros cuerpos
convenientes en la sazón imaginaria
de todos los paradigmas.




Decirlo



Cuando miro el viento sé que él me mira a mí,
sus ojos incapaces de verme y el amor
es una piedra en la mirada
del tamaño de tu sombra.
Una rosa y su pequeño diccionario de tres sílabas
saben decirlo mejor que yo.



Si hace días








Si hace días que no estoy.
Si sólo quiero exprimir limones con los labios
o dejar la mano y su mano en la ventana
para saludar de noche a quien no venga,
a quien no exista. A quién le dice hola
y quién salta de la cama con su traje de insomnio,
arrugadito de tenerlo debajo de la almohada
o dándole teta para empacharlo de calostros.

Pero mire usted, o tú, o tú, mira lo imposible
que es no estar y estar a la vez haciendo fotografías
a las palabras y su teatro de marionetas,
escribir sólo con una mano
–recuérdese dónde está la otra-
y que la propia mano se aleje con lo que escribe
dejando la boca a medias en un estado de desconocimiento
que podría ser el de cualquier analfabeto
intentando talar árboles con el dibujo de un hacha.

Hágase la intención aparente
de estar y concebir tantos hijos como vengan,
que atraviesen el látex y se implanten en la matriz
como si fueran numeritos o raíces,
déjeles a su antojo crecer hacia dentro
y que hagan daño
o que amen y mueran.

Si hace días que no estoy conmigo.
Si sólo yo lo sé, y sé del ruido que hago
al pestañear, al quedarme mirando las flores
esparcidas por el suelo nocturno, suelo
de lluvia y de espejos que me enseña
los colores del éxodo y su futuro mañana
es la mañana de los que no la ven
y se olvidan de estar en la yema de sus dedos.





Reliquia



Lo que no está y te nombra.
En qué suerte de prodigio
encontrar en la entraña
casi una vida o su silueta
y hacer de la confusión
un deseo en remanente.
Tal así cavaría un hoyo
con las manos alzadas
hacia el cuerpo blanco del invierno
con el vientre lleno de animales
y sus jaulas vacías.






Evitar



Miro por la ventana.
Estas horas son las mejores para observar la distancia
que me acerca a ti.
Tanta y ninguna son imposibles de calcular,
como el tiempo, el dónde y cuándo. Si llueve.
Hay pájaros que me llevan y no puedo evitarlo.
Tampoco decir espejo
romper.



Me sumerge



Con el silencio hablo
y lo llevo a cuestas
como a una montaña.
Si le pregunto por su peso
me cuenta que es rojo,
me distrae con otras ensoñaciones
-nada entiendo si no es cierta la palabra-
y cuando quiero matarlo más se enciende
añadiendo otro kilo a su violencia.

No es elegante ir así de encorvada
y caminar mirando el suelo
cada vez más extraño y ruidoso,
no lo es porque mi nombre se borra
y desaparece no la montaña sino el canto del cisne
en todo lo ajeno de aquel lado del agua.

Vuelvo a preguntar por su peso
y me deja a solas con sus manos.

Se me acerca y mudo
sigue hablando de sí mismo
y sin quererlo me sumerge.




I almost forgot how it felt











I almost forgot how it felt
Bso La Svolta (jamendo)
Música de Eon





En tu soledad y en la mía



En tu soledad y en la mía
caben todas las soledades,
recuerdos de nosotros y nubes pasajeras
que vienen caminando cerca de nuestros pies,
empujándonos hacia adentro
desde la intimidad que nos florece cuesta abajo.

En nuestra soledad de amantes
amamos el secreto y la ceguera,
nos amamos las sombras y las llagas,
el verso a piel, perenne,
intuyendo los días habitados
por el ruido del vaivén de las olas,
las noches al calor de sus preguntas.

El horizonte obligatorio
de llegar a la sima de la nada,
de alcanzar todos los lugares
y, a solas, la palabra espera
entretenida con metáforas
y esbozos de colores
a que la mano la descubra
y el amor se declare.

A nuestra soledad venimos
con la boca vacía
y el corazón aislado,
en la clausura de los ojos
se nos encierra el mundo
a través del espejo.




Tantos mares







Ajenos a la consonancia de un verbo sin infinitivo
vemos llegar el sol hasta el arrecife de nuestros huecos.
Tú te apoyas en la primera piedra azul
que te tiro y tu boca parece decirme
en la saliva de la ola que se nos rompe
delante de los ojos de los peces infelices
que la marea pone a nuestros pies.
Podemos observar la noche desde otro ángulo
y el dolor nos sube por las pantorrillas
haciéndonos equivocar el norte de las sombras
desde el que nos miramos los adjetivos
como si fuéramos estatuas de cristal
dentro de un museo de nubes de cera.

Nunca antes vimos tantos mares
desembocar tan alto y tan adentro
ni a la soledad tan a solas.

No ignoramos lo inconcluso.
Una urgencia en la mirada me lleva a pensarte.




Mecer el agua, mecer su piedra




No fue buena idea verte subido a los árboles,
o que intentaras asir el vaivén
de las lianas siempre indecisas.
Aquel día recuerdo haberte pedido
que me miraras a los ojos
sin importar que no me vieras,
pero tu empeño fue invisible
y yo me caí de las ramas.
Viniste corriendo,
pensando que el sol me haría daño
al romperme, y después todo
nos quedó lejos de las sombras.
Fue innegable la sensación de búsqueda.
Tú querías seguir columpiándote
y yo me encontraba vacía,
llena de certezas imposibles,
como lo es el agua que ahora es piedra.





Debes




Debes

no

ver

el ruido


sino acercarte

a

su

aledaño


allí te nombras

transparente.




 


Unas pequeñas rosas ...






para daros las gracias
por vuestra compañía y las palabras,
y a todos, también, por venir
un abrazo, y salud.


y un instante de música






En mi tierra adentro



Veo llegar su luz a tu mirada,
no digas que no es bello
este color de otoño en el poema,
la triste sonrisa de un árbol
bañada por la lluvia.

No digas que no son bellas tus manos,
el río que semejan, la dulzura
de su tacto es un beso en sepia,
el roce de un atardecer
en el ángelus de mi espalda.

Sabrán tus labios como tejen miel
mis labios en tu boca,
me sabrás en la víspera del agua,
llegaré como tú a mi lengua
y nos diremos cuando se pronuncie
el trueno en la garganta
de la memoria a oscuras.

Quiero contarte las hojas caídas,
las vueltas que da el viento para verte
aquí o allá, en todas las cosas
a las que diste nombre y me decías mar
y sol decías en mi tierra adentro
con todos los colores de la vida.

Donde la flor se da al otoño
nos entregamos a nosotros mismos.




Irás a detenerte



Irás a detenerte sin pedir nada a cambio
rendida a la evidencia y al desprecio
de todas las palabras.
Mientras mayo se rompe se añade un año más
a la esencia del labio, se le imprime la muerte
debajo de sus pétalos ya mustios
y en vez de florecer se agosta.

Irás con un motivo
adonde el cuerpo oculte su ensoñación primaria,
cualquier otro silencio a la intemperie
no puede ser más dulce que un poema.
Aquí lo tienes,
no vayas más allá de los susurros
pues no se entiende y sólo está la ausencia
agitando sus brazos.

Y la piedra se irá contigo
o acaso seré yo, con esa piedra de noviembre
quien ensaye en el regazo del agua
la desnudez de las burbujas
y la de la retórica, unida fielmente a la carne.

Bastaría tener un sólo espejo
y enterrarlo entre soles y quimeras,
una vez fue tan cierto que exististe
como que ahora brilla el agujero.

En donde una palabra fuera
ya vivía el instante de quererte,
así, tal como fuimos la derrota
nos tomó de la mano
y nos lloró en secreto el fuego.

Irás a detenerte con la herida
cerca del barro, lo hendirás con ella
y entonces de su lágrima nos quedará más agua,
la que escuece al poema.




Todo descansa



Todo descansa
y se agota en el suelo.

De ver cuando te escondes
vuelvo a crear la luz
perfecta para oírla.
Es sin embargo oscura
y no bombea sangre.

De momento el vacío
oscila casi imperceptible
en la tela de araña
con una ley entre los dientes.

Sólo es el tiempo
y nos hemos puesto a luchar
muriéndonos callados.




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