¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.



Netzahualcóyotl de Texcoco


Amar está en tu nombre



En cada nombre que te doy
están todos tus nombres.

Yo estoy aquí y tu nombre es el lenguaje
de todos los idiomas, el verbo del origen
que descifra dentro de mi garganta
la constante vital de los océanos
del alma cuando amar está en tu nombre.

Te doy nombre de humo, nombre de pensamiento,
de animal y de carne, para hilarnos sabores
con la palabra entre nosotros
muerta y viva en el siempre.

Vine a darte otro nombre,
un nombre bajo el agua,
casi un nombre de sal y peces,
y entra en mi boca y al decirlo,
amor, ya sé quien eres.

Como un mar puedo amar tu nombre.



A Juan Luis S.










Mi agradecimiento a mi querido amigo Juan Luis (Desideratum100) por este precioso regalo que hoy me ha hecho.
No tengo palabras para expresarle mi gratitud al sentir la delicada belleza con la que lo ha realizado, la emoción que siento.
Gracias, Juan Luis, siempre te habré de agradecer, siempre.
Un abrazo, un beso

m.





(Música: Candlefire, de Diary of Anne Frank, Michael Nyman)




esa especie de viento



esa especie de viento que se acerca
que va a romper todas las cosas
que va a decir nada mientras aúlla
ese viento que ahoga

esa especie de viento
de ahora mismo
este animal callado
calado hasta los huesos
resistiendo a la asfixia
tu piel sobre mi lengua




Poema








ponerme a escribir cuando la bandada
inunda la cabeza.
ponerme en el ojo de cada pájaro.
llenarme de dolor
de ramas, agua, sangre y peces.
sentir la herida dentro.











animales



Mueve su palabra
hacia la palabra que se acerca a la suya;
se han llamado sus ojos por dentro de sus ojos
sin voz sus vocales

se han llamado con la boca
toda llena de consonantes
se llaman sin saber llamarse
llamándose a medias
a sí mismas locas
medio loco su cuerpo
y el otro medio en el pronombre.

Mueve su palabra y se introduce
camino de la piel hacia el interior del sentido.
Dónde los verbos ahora, qué espacio
procura la llamada
cuando el destino agita su lengua.

Qué se contiene ahondado
a ras del ruido, qué sal unta cada palabra
por debajo del agua profunda;
qué se esconde desde los filos
si asalta el asombro la intemperie.

Habitadas
las palabras son animales
se especulan
se piensan
se dicen
se acogen
se tienen.



Poema



De preguntarle al pestañeo
-al pestañear-
si lo que ve se agranda
o se reduce
-y si es intermitente-
la sensación en la memoria
del amanecer dentro de la espalda.
Diría cualquier sol que es imposible
porque la nieve o no recuerdo
dónde dejé la suciedad
ni en qué estómago tengo que mirarme.
O es la tierra, esta tierra blanda
de escuchar cómo late la semilla
que sembré en el otoño
cuando era absurdo que de las palabras
pudiera llegar a la costa
un principio de espuma.
No sabría contar el número
de verbos que a esta hora
se imaginan hablando acerca
de sus propios perfiles;
la cantidad de manchas
me puede parecer siempre la misma
aunque me desconozca con los ojos
tempranamente abiertos
y prefiera esbozarme
en un espejo de papel
o parecerme a un bosque antiguo.




apariencias



Cualquier palabra que pienso se transforma en apariencia.
Puede parecer que digo, pero es silencio.

Al decir tu boca palabra y carne son lo mismo.















Requiem for the Static King, Part One by A Winged Victory For The Sullen



Coto de caza



Se levanta la veda de la caza,
no olvides tu escopeta y los cartuchos,
tus ojos telescópicos y un perro
adiestrado en seguir la huella con encono
y a estarse mudo
entre zarzas y espinos.
Escoge bien tu puesto y no respires,
escóndete en los matorrales
con el disfraz y tu señuelo.
Afina tu mirada y la atención,
sólo una vez podrás tenerlo a tiro.
Apronta tu disparo con propósito
de muerte lenta y dolorosa.
No falles, ya viene el poeta.



aprender








pero nosotros
cuando volvemos
no nos hemos ido
la tierra
sigue siendo angosta
se ampara en el hueco
de nuestras cavidades

llegamos
para aprender a hablar
dentro con la hendidura
de nuestros cuerpos dóciles

todo borde compartido
se arraiga insaciable.
la costa se extensa
no hay suficiente agua
para tantos labios
para tantas bocas.







El poema es muy libre de decir

lo
que

quieras.




(algunas veces no)


Todavía cae siempre



El reflejo en la hoja es pequeño,
junto a ella está el jardín;
se diría que hay flores, abejas,
un gusanito royendo algún tallo verde,
unos dedos acariciando la tersura de la hoja
que ayer se le cayó al árbol sin darse cuenta.

Los ojos se acercan por un instante,
incluso una pestaña puede crear ondulaciones
en el agua de la que bebió el gorrión,
agua antigua y sin plumas,
más que agua melancolía, recuerdo
de alguna luz que el viento trajo
cuando aún la noche era cierta.

Fluye y a la vez el aire espera,
se detiene en una mariposa y la mira,
toca con suavidad inagotable
cada escama de su cuerpo en aleteo
de pistilo azul a pistilo rojo,
y el aire lo sabe, se habrá ido mañana
sin dejar una señal de vida
o algo a qué aferrarse cuando el viento
tire de él y también desaparezca
o una boca lo respire antes
de besar otra boca.

La hoja permanece oscura,
su envés soporta su propio peso,
no tiene savia, se muere sin más anuncio
que el color ido hasta el ocre,
pero ella era una esmeralda, ella fue
un botón, una yema latente;
siente la ternura de los ojos
flotando a su alrededor y un día
un lenguaje extraño se le viene a la memoria,
recuerda otras alas, otros paisajes no tan grises
y las palabras
no se hielan.
La hoja nos enseña su matiz de sangre,
está cayendo del árbol,
todavía cae siempre.




Allá vamos, derechos a la nada



Allá vamos, derechos a la nada,
con los pies por delante y un vestido
de madera, con todo lo vivido
y en la boca un gusano, una helada
susurrando en el pecho su emboscada.

Allá, para ser humo y el gemido
del viento del otoño, del olvido,
y la ceniza de la madrugada.

Allá vamos y tú vendrás conmigo,
iremos de la mano, los dos juntos;
antimateria, espacio en el umbral
de todos los vacíos, polvo y cal
de huesos abrasados sin testigo.
Allá, con el dolor de los difuntos.

soneto


Poema


También hay que peinarse los domingos,
desenmarañar la cabeza,
convertir el viento en polvo
esnifarlo y dejar que en el cerebro
te cuente dónde estuvo
y si encontró la intimidad de tu boca.
Hoy es domingo y frente al espejo
me peino el pelo de la lengua,
quito nudos, desenredo uno a uno cada cabello,
separo las raíces, reúno en un poema
aquellos pocos que nacen inesperados
con un pronombre en las papilas
que saborean lo dulce
y lo amargo al mismo tiempo.
Por ser domingo necesito el peine adecuado
que peine y entienda mi melena,
que sepa ondular sus palabras
y extenderlas sobre tu cuerpo
como un rosario de acertijos,
que cepille todos los verbos y sus madejas,
que logre traducir a verso
los ovillos que se aíslan.

Es domingo y frente al espejo
tus manos me peinan.




preexistencia



Una casa con hojas
y en cada hoja hay una ventana
y en una crece un árbol
con hojas amarillas.
La casa pestañea
abre sus brazos que son alas
y muerde el fruto de tu vértigo.

Existe un río para abrir los ojos
por donde la casa entra a un bosque
y un pez le cuenta historias
al árbol de la casa y atesora raíces
de oro y sueños y las ventanas
abren la boca con un ruido
de ramas que acarician al pájaro en silencio
a la ausencia que fluye, a tus manos de cerca.

Una casa es el agua, se hunde,
le crecen verbos, chimeneas
y el humo se alza hacia los fondos
en busca de tus dedos cristalinos.

Preexiste con la espora el rastro
y los huecos se llenan de intenciones,
los deseos se inundan y la casa
se deshace, se agrieta,
se bebe en el ombligo de tu vientre
todas tus luces escondidas.

Una casa con hojas,
con pasillos interminables,
de labios emergidos de la bruma
se suicida en tus ojos y en tu lengua.


La casa existe y las ventanas
refugian tras de sí las hojas
nadando entre los sueños.




Àngels

Música de Romà Alonso








      
                A Patricia


¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso, brilla definitiva
y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde…


Raúl Martínez



transparencia



La ventana por la que miras ¿está abierta o está cerrada?
Con la transparencia que observas ves llegar un símbolo paralelo de aire, a veces cristal, a veces una sombra sobre el cristal, una sombra que se mueve como si resbalara muy despacio cualquier agua de nube, una sombra desde detrás de un árbol, casi un pájaro dormido, casi una raíz asomando levemente de la tierra.
La sombra de una sombra consonante.
La mirada se transluce, eres translúcido y ocupas la superficie de los altares donde las piedras se consagran a la muerte y al amor.
He ahí la espada que atraviesa el mirar, que cruza la sombra como al agua, he ahí la espada que se forja dentro del mármol, la espada que corta la raíz y se clava hermosa en el cuerpo del ave, la espada que divide y saja y desangra al animal, al animalpiedra sobre el ara.
He ahí la espada transparente, la palabra, toda la sangre, he ahí lo salvaje que muere y nace de la inmolación, que nace de ella misma y de nosotros donde nos suicidamos.
Mira la espada, mírala, también eres tú.












Con toda palabra
Lhasa de Sela




acercamiento



Con el pie en el acelerador escucho música; a ciento cincuenta kilómetros por hora los espacios recorridos se hacen distancias cortas, todos los árboles son sólo un árbol, la niebla es una mano muy grande, y atrapa.
El agua que corre a mi lado no es la de otros días, es tanta y va a mi misma velocidad, su lengua no deja de querer buscarme, su preciosa lengua líquida.
Las palabras están donde estaban y quiero parar a escribirlas antes de que la autopista las devore, antes de que la canción termine y la respiración se aparte de su miedo a morir golpeado contra la bionda y así, en un instante, deje de existir el pulmón y la palabra que lo origina. El miedo roto sobre el asfalto.
Pensaba despacio, iba rozando cada arco iris que no veía, la chispa de un trueno a lo lejos, las manos que no saben decirlo y la tormenta que sonríe con un color transparente, gris o blanco, o es rojo el cielo ahora mismo y sobrevive entre los dedos.
Y la palabra se hace honda, me ensimisma y soy ella; no sé donde estoy y miro hacia un punto fijo que no existe, que no está, pero lo estoy viendo, transcurre como en un sueño, acaso el de anoche o quién sabe si es la consciencia lo que perdura en la secuela del hecho, y también en este de estar conduciendo y estar sólo atenta al murmullo que me envuelve haciéndose pleno en la sensación que me habita desde dentro, el lenguaje de la lluvia, tus labios, el fruto de acercarme al conocimiento.
La niebla entra por los sentidos y no avisa.






cantaba Bunbury, la chispa adecuada