¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.



Netzahualcóyotl de Texcoco


Perdurar



Perdurar
como si el suspiro creara
de la carne dos ojos
propensos a observarte
llorar de frío y verso
al nacer de la piedra
y del pájaro ausente.
Mantener el consuelo de los párpados
sin darle otra ilusión
ni el hecho de morir un día
dentro del agua fresca
de la distancia al médano
junto a la playa a oscuras
y la sequía de las voces.




Secreto tacto en lo sublime



Si me perdona usted y se hace a una orilla
entre los dos podemos dejarle un sitio al viento
y que circule y suelte el agua
y se repita el color de las hojas
y silbe cada vez más lento
sobre los puentes, bajo la mirada
atenta de sus propios ruidos.

Disculpe que le ruegue un pensamiento,
este de coronar la cima,
este otro que nos parece distinto
y sirve para entender el amor
dentro de una bombilla rota.
Disculpe que le diga de mañana
mañana esto será un poema
y le daremos un significado
a cosas que no quizá no significan nada,
pero así todo

perdone entonces que temprano
le pida un acaso de sombra
o un intento de enredadera,
fruta carnosa pero no madura
y mientras sople el viento
secreto tacto en lo sublime.




También querías










Tanto como decir imposible
y echar a correr
con una mariposa
o un verso
en vez de zapatos
hacia la escarcha
y con ella
llegar el frío
con sus labios insomnes
abrazados
a la herida

tan como la sangre
de asomarse a la grieta
y decir
abre la boca
estoy dentro
mira cómo duele
también querías

a los pájaros
después callaban
qué imaginas
que también las piedras
no ven ni los escuchan
pero sus ojos
están lejos
el sol los reseca

te envuelven
te enjambran
regresan a buscarte
espéralos
vacía
lentamente
d e  s   n    u     d      a.







Música: fragmento de Blood lad
Yuki Hayashi




Esto que tiembla




Quién me sigue sin verme, quién
me evade en el peligro.
De quién este silencio y este nombre
en la inminencia de un deseo
regresa y me retiene
en el agua en calma,
en el agua que tiembla porque tiemblo.





Alzas tu mano frágil


Alzas tu mano frágil
y te haces con el viento
dentro de ti
una boca pequeña
que se imagine brisa
que evoque aquella caracola
acostada en la arena
que te escucha en su laberinto
a las puertas del agua 
lenta y suave

alzas tu mano frágil
respiras sal
recorres la marea
entras conmigo
al oleaje.




El cielo dice lluvia














Reza conmigo



Desde la torre en que te tiras
-y te tiras y vuelves a tirarte-
y mientras no sucede
o cuando sí,
pero sí sabes que el poema
se tirará contigo
hasta abajo, hasta adentro,
o si no es hasta allí
desde entonces no estás
y qué respiras, y qué si al caer
desaparece también el nosotros
y somos los dos en la torre,
tú y yo nosotros siempre
haciendo de vigías del poema,
el ruido de la noche
y nos tocamos sin pudor
la castidad del verso, el somos
apenas carne y letra
o dos figuras divididas
entre el amanecer y aquella sombra
arrojada al ocaso desde la torre al hoyo,
desde la niebla de tu boca
a mi boca nocturna y su poema
recién hendido con tu voz
incluso sin idioma,
sin lengua y un tequiero
pronuncio al alba y te cuento una historia
y te digo en la torre en blanco
reza conmigo, amor, este poema.





Elegy for tramway












Elegy for tramway, del álbum Skies(jamendo)
Música de Neil Milton



Un día son las ocho



Vienen siendo las ocho,
el reloj no se mueve de la niebla.
Lo miro de instante en instante
y no parece avanzar. Duerme.

Son las ocho otra vez
de una nueva media hora en el humo
y la dificultad de la palabra
no sabe dónde disiparse,
si en un segundo flojo y vago
o en los tiempos de riego
de cualquier flor emancipada
por fuera de sus pétalos.

De nuevo son las ocho.
Recorro el tiempo a nado
sumergida entre errores
y cúmulos de mezclas,
el sonido de los metales, el agua, la ceniza,
son motivos estáticos
y las campanadas en la cabeza.

Dieron las ocho
y un avión sobrevuela el aire
dejando estelas donde veo tu cuerpo
como si fuera la intemperie
protegida en el ámbar
de los transcursos de mis manos
reteniendo tu boca
entre las grietas de mis sueños.

Las ocho, son las ocho,
no puedo mirar lejos,
sólo detenerme en las sombras
del segundero y temblarle a la noche
consolando su frío con espejos
donde verte es tan imposible.

Un día son las ocho
de la mañana, de la noche,
las ocho en punto dentro de la niebla.





Tu cuerpo de animal poema



No comprendo el disparate
de que vengas disfrazado de poema
y entre verso y verso
las palabras se te escapen como fieras
o como si lo fueran de verdad
y las fieras devoraran
el poema
que de tanto disfraz parece no
lo que es sino una fiera distinta
un animal -con perdón de todos los animales-
cruzado con una lengua

no entiendo este trastorno
que quieras decir no lo que dice la palabra
o lo que ella piensa
si más bien dices lo que te da gana
y en cuanto me doy la vuelta
te estás yendo y al regresar eres lo mismo
pero también con otra forma
pero también estás dentro del poema
y qué poema eres que no comprendo
del todo tus sombras ni tus azares

que del azar al destino media un punto en blanco
y al llegar a ponerlo las comas que dejaste a medias
lloran en los extremos de la estrofa
y se quedan pequeñitas y piensan en su sino
porque una coma nunca dice ni escribe sueños
o maravillas o fealdades que otros sienten bellas

una coma es un descanso de la saliva
en su ascenso inconcluso a la nada
una coma no es nunca un poema
o lo es una coma tras otra adivinando en ellas
el acertijo de una boca
de todas las bocas de mi boca
cuando te beso sin besarte
pero besándote lo diestro y lo siniestro
con la boca llena de tijeras

pero vienes disfrazado y lo sé
porque el ombligo no me lo calla
y de tantas veces como escucho
que vienes que llamas que llegas
que no aprendes a entrar por la mirilla
o a ser burbuja o a reptar sobre el suelo
haciendo eses bífidas con tu colita atigrada
y que me pida sexo y yo diga amor, me duele la cabeza
o me duele el hormiguillo y la mariposa al fin
se adormezca junto a tu pecho y tus labios
de poema dulce abran los míos
y el sistema límbico se me vuelva loco
o en la cabeza me estalle el hipotálamo
y libere en mi sangre un litro de oxitocina

sin explicarme las razones
es bien distinto y a la vez que seas lumbre
y ardas en mí conmigo o seas un témpano y cuelgue
de mi cuerpo frío candente tu cuerpo de hielo tórrido
tu cuerpo de animalpoema disfrazado de poema.





Así se nos viene la lluvia



Lo próximo es acercarme al invierno,
abandonar la circunstancia
en su cama de ocultaciones
y hacerme con el trigo
otro pan para que los dientes
sean capaces de roer
el viento y su corteza.

Y me acerco a escuchar palabras
donde ocurren las fuentes y me alejo
sabiéndome la misma.
Porque los enemigos son el musgo,
la crisálida y, cómo no, el poniente,
aquella piedra dulce de las horas
que entre versos me arrebujaba
justo al lado tu cintura,
entre tu amor y el despoblado
de mi lengua marchita.

De este modo te amo.
Así se nos viene la lluvia.




Poema



Quién me acompaña sin mirarme
hacia las sombras del olvido,
quién sin mirarme con sus ojos pálidos
detiene el beso en su memoria
y me da a cambio un beso
cuando el beso ya huyó
y en un rincón se besan nuestras pieles
detrás de cada muro.




La perfección de los murmullos



Después sonaba el viento,
decía nombres que no estaban,
nosotros lo escuchábamos
mudos a veces con una sonrisa
o con un grito dentro de los ojos
esperando el salitre amargo.

Más tarde, y de la boca,
nos salía una voz pequeña,
sin aliento, sin sangre
y entumecida de palabras,
tan inmóvil como pasiva
pronunciaba lugares, noches, líquidos,
y entendíamos el idioma
de las corrientes y las ráfagas.

Enseguida los labios
perfeccionaron sus murmullos
y no dolía abrir la puerta,
olvidarse la llave y escuchar.



A Juan S. Rojas M.




Contengo



No estoy sola,
hay cuerpos, palabras que me rodean
en el tiempo vertiginoso o en calma,
lenguajes que en verdad
sobre las hojas se convierten
en verbos necesarios para
mantener el encierro a salvo.