¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.



Netzahualcóyotl de Texcoco


Poema



Ahí viene, con su pan bajo el brazo
recién comprado y caliente.
Viene mirando sin mirarse
ni los pasos ni el indicio de las palabras
que incitan a sentarse y a contarlas
haciendo cuentas con los ojos
como si sus ojos fueran un rosario
y pudieran rezar los misterios
o hacer jaculatorias arrodillándose.
Ahí regresa y el pan se le queda frío
antes de dar de comer a las sombras,
porque la sombra devora toda luz
y es un agujero negro o un cuchillo
que rompe los minutos y divide el cuerpo
en pequeñas gotas o en sus simulacros.
Ahí está, y el pan es un pan triste
que añora los trigos y los campos de tierra,
los soles que amanecían de pronto
por encima de cada alma,
de cada pequeño destino ahora en el hogar
de un verso cultivado sin semillas.




Es el viento, te dices



La bolsa de plástico se te pega a la cara,
es el viento, te dices, y te dices que puede llover
y así entonces todo será más nítido,
pero hay ráfagas que te devuelven letras
y no sabes leer los titulares ni los anuncios por palabras.

Porque te miras los labios mientras miras y un grito asoma
con su pequeña luz de recordatorio impresa en el fondo azul,
y la contienes dentro del corazón en braille.

Asientes y el semáforo en ámbar te deja en medio de un charco
a ras de pensamiento con un no sé qué que desconocen las aceras
enamoradas de la sequía y no de tus paraguas.

Los bancos de tiempo se rodean de relojes,
tus ojos de semana santa siempre me parecieron de mayo
porque reflejaban un día de reyes o el invierno a cualquier hora,
porque me mordían los dedos que te sangraban.

Una sombra ficticia que se alarga hasta el poniente
viene a hablarme del vértigo en las montañas rusas,
se cayeron nuestros zapatos vacíos y los pies son peces en bicicleta
ascendiendo sin oxígeno hacia el coral de nuestras bocas.

En el vientre los hilos están frescos,
el hospital para locos no muy cerca,
hay cirujanos que olvidan hebras de mariposas
además de escalpelos y otros sonidos sin lengua ni lenguaje.

Te dices que es el viento, te lo dices y escribes con torpeza
cualquier cosa que parezca aire en movimiento,
puede que se te pegue a la cara y confunda una marina
con un gerundio transeúnte de su itinerario.

Si me siento en el río a esperar la ola
los ojos alrededor de ti aguardan en una curva.




Poema




Deslindar el dolor
del poema, dormir con él
y darle de la mano al fuego.
Aprender a temblar
de otra manera.




Espacios




El lugar no es el tiempo y no existe su recorrido
fuera de la casa sin nosotros.


La imagen en el ángulo es una mariposa clavada y convertida en espejo,
su respiración se interrumpe y es mi refugio la herida
de la sangre de tu lengua golpeando en la carne corazón.


Asfixia tu cuchillo mi garganta.
La hora de matarme con el abrazo del musgo
en el relente de tu boca.




Come wander with me











La sal, la arena, el agua,
las olas, la espuma y el viento.
Baila un sueño el mar con tus ojos,
los míos la marea.




La belleza de las fotografías
le pertenece a Carmela.
Gracias, y a su mirada.



Come wander with me, Agua de Annique




La ambigüedad de lo desnudo




Ya veo que al ponerte la ropa
te la estás quitando.
Tienes una extraña manera de vestirte.
Enseñar el cuerpo y no tener frío
en invierno o en un poema
es como decirte a la cara
todas las heridas.





Piedras



Incluyes mi nombre en tu equipaje
cuando pasas la aduana y los países te saludan,
son los otros, esos nombres
que son como capitales vacías,
asfalto y son no piedras. Las piedras
que yo te digo ahora amaneciendo,
esas mis piedras en la maleta de tus labios
no pesan y son de sal, dime qué estás diciendo
si tu boca,

dime al respirar si el aire
te parece arena y ninguna patria es la suya
porque la arena y el viento

va y vuelve o no vuelve
a ensombrecer los cielos
en alud, siempre en alud y anochecido
el beso en una playa inédita
y el náufrago, dime de ti a solas
con mi herida y cuéntame o no digas de nada
porque de nada me alimento
y mi estómago es anfibio

y así bebe de la fugacidad de las aristas,
de los rumbos australes y de las cruces
de mis muertos, allá entre tus ojos
y la cabeza de un destino sin cabeza
porque la cabeza en la jaula,
porque la jaula hiere

y en la jaula quedo
y en mi nombre tu paisaje
y yo te tiro piedras.




Precedente



Este y no así
y ningún pero
pero sí del poema
este de absurdos
al recrearlo en formas
y hacer equilibrios
que no un equilibrista cae

sino que cae
desde dentro al desde fuera si un verso
me confunde con nieve
y me desluzco en la palabra

alguna vez desesperando
al pie de las gaviotas y sus plumas
sirven para escribir
poemas como islas
como muñones si te digo

abrázame con aquel agua
interrumpida
fórmula de nuestros cuerpos
convenientes en la sazón imaginaria
de todos los paradigmas.




Decirlo



Cuando miro el viento sé que él me mira a mí,
sus ojos incapaces de verme y el amor
es una piedra en la mirada
del tamaño de tu sombra.
Una rosa y su pequeño diccionario de tres sílabas
saben decirlo mejor que yo.



Si hace días








Si hace días que no estoy.
Si sólo quiero exprimir limones con los labios
o dejar la mano y su mano en la ventana
para saludar de noche a quien no venga,
a quien no exista. A quién le dice hola
y quién salta de la cama con su traje de insomnio,
arrugadito de tenerlo debajo de la almohada
o dándole teta para empacharlo de calostros.

Pero mire usted, o tú, o tú, mira lo imposible
que es no estar y estar a la vez haciendo fotografías
a las palabras y su teatro de marionetas,
escribir sólo con una mano
–recuérdese dónde está la otra-
y que la propia mano se aleje con lo que escribe
dejando la boca a medias en un estado de desconocimiento
que podría ser el de cualquier analfabeto
intentando talar árboles con el dibujo de un hacha.

Hágase la intención aparente
de estar y concebir tantos hijos como vengan,
que atraviesen el látex y se implanten en la matriz
como si fueran numeritos o raíces,
déjeles a su antojo crecer hacia dentro
y que hagan daño
o que amen y mueran.

Si hace días que no estoy conmigo.
Si sólo yo lo sé, y sé del ruido que hago
al pestañear, al quedarme mirando las flores
esparcidas por el suelo nocturno, suelo
de lluvia y de espejos que me enseña
los colores del éxodo y su futuro mañana
es la mañana de los que no la ven
y se olvidan de estar en la yema de sus dedos.





Reliquia



Lo que no está y te nombra.
En qué suerte de prodigio
encontrar en la entraña
casi una vida o su silueta
y hacer de la confusión
un deseo en remanente.
Tal así cavaría un hoyo
con las manos alzadas
hacia el cuerpo blanco del invierno
con el vientre lleno de animales
y sus jaulas vacías.






Evitar



Miro por la ventana.
Estas horas son las mejores para observar la distancia
que me acerca a ti.
Tanta y ninguna son imposibles de calcular,
como el tiempo, el dónde y cuándo. Si llueve.
Hay pájaros que me llevan y no puedo evitarlo.
Tampoco decir espejo
romper.



Me sumerge



Con el silencio hablo
y lo llevo a cuestas
como a una montaña.
Si le pregunto por su peso
me cuenta que es rojo,
me distrae con otras ensoñaciones
-nada entiendo si no es cierta la palabra-
y cuando quiero matarlo más se enciende
añadiendo otro kilo a su violencia.

No es elegante ir así de encorvada
y caminar mirando el suelo
cada vez más extraño y ruidoso,
no lo es porque mi nombre se borra
y desaparece no la montaña sino el canto del cisne
en todo lo ajeno de aquel lado del agua.

Vuelvo a preguntar por su peso
y me deja a solas con sus manos.

Se me acerca y mudo
sigue hablando de sí mismo
y sin quererlo me sumerge.




I almost forgot how it felt











I almost forgot how it felt
Bso La Svolta (jamendo)
Música de Eon





En tu soledad y en la mía



En tu soledad y en la mía
caben todas las soledades,
recuerdos de nosotros y nubes pasajeras
que vienen caminando cerca de nuestros pies,
empujándonos hacia adentro
desde la intimidad que nos florece cuesta abajo.

En nuestra soledad de amantes
amamos el secreto y la ceguera,
nos amamos las sombras y las llagas,
el verso a piel, perenne,
intuyendo los días habitados
por el ruido del vaivén de las olas,
las noches al calor de sus preguntas.

El horizonte obligatorio
de llegar a la sima de la nada,
de alcanzar todos los lugares
y, a solas, la palabra espera
entretenida con metáforas
y esbozos de colores
a que la mano la descubra
y el amor se declare.

A nuestra soledad venimos
con la boca vacía
y el corazón aislado,
en la clausura de los ojos
se nos encierra el mundo
a través del espejo.




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