¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.



Netzahualcóyotl de Texcoco








Manos

qué son las manos
si no son las ramas del sueño
para tocarte desnudo
como lamen las olas
el mar de la noche.
Qué son si no islas,
palabras, puentes tendidos
desde los árboles a la mirada,
desfiladeros hacia los túneles
que se abren ante tus ojos,
y son las manos el recuerdo
del deseo, la huella
de los dedos sobre una imagen del océano,
o recogiendo gotas de agua
en un suelo cubierto de espinas y relojes.

Las manos son injertos silenciosos,
plantas crecidas en inviernos de lluvia
sin paraguas ni asomo de claridades.
No son las manos sino transparencias
confundiendo el rojo con el verde,
rumores de mi boca en tus labios.




Haiku





La luz de un faro
ilumina en el mar
sombras de peces.



~haiku 182~




Poema



De dónde salen los mosquitos,
¿es del poema
o de aquel agua sucia?
porque el poema se corrompe
y el agua es verde
y todo se confunde
antes de tener alas
las larvas, antes de iniciar el vuelo
los sinos de sus plumas.

De dónde viene el ruido de las moscas,
de dónde los runrunes de las letras.
Qué forma puedo darle a la crisálida
y no sea su aspecto el de la piel
de tus labios sobre mi boca,
qué insecto en su agonía
pugna por avanzar hasta mi ombligo
si apenas en mi sombra
la noche se desliza paralela
a la muerte de un pez en el océano.

De dónde vuelve el humo,
el polvo de la mariposa,
de dónde el corazón del animal
regresa para ser un sueño
y oscurecer el agua en que me mira
a través del espejo del poema.




Solaris. Northern lights












Música de Solaris (jamendo)




 



No está la mano para verbos
después de recontar lentejas
y equivocar sus números.
Pienso en la mano y en las cifras
ausentes de los dedos.
Pienso en los líquidos
y en las lentejas puestas a remojo
en la cazuela al fuego.
Pienso en la mano
pienso con ella
con sus palabras
y está donde la pienso.




Poema



Te escribo este poema
con sílabas crecientes
a mediodía.
Su arquitectura dicta niveles declinados,
todos opuestos
dirigidos al eje del absurdo
de la ausencia y sus cauces,
más propios de los pájaros
que de nuestros olvidos.
Te escribo a veces con la carne,
otras diciendo lluvia, te escribo casi siempre
con un dolor entre las manos,
blanco y negro, dolor de agua
de nube sospechosamente enferma
de sed y de lamentos.
Como un cuchillo nado por tu sangre
y no es con la palabra que lo intente,
es más bien que me ensaño
conmigo misma,
y al matarte me mato, con tu muerte
sangrando en mis arterias.
Solitaria y sin voz vuelvo a besar tus labios,
el escondrijo donde guardas
el riesgo de la noche más hermosa
y su accidente pasajero
es en mí lo que escribo.





La niebla



Una diría que se miente
en este oficio de escribir,
que las paredes no palpitan
ni son más que ladrillo sobre ladrillo
con un poco de cemento
para sostener la verticalidad
y que no se caiga al suelo la obra
una vez se ponga el punto,
cuando el poema ya no tenga
ganas de convencer a nadie
ni de parecer bello.
Una diría que, escribiéndolo,
un poema es tan sólo lo que ocurre,
sea incierto, real, o la memoria
de lo no sucedido dándolo
por hecho aunque no se recuerde
el tiempo ni el lugar, ni el labio sepa nada
de las frases aquellas
donde la piel no estaba, o si estaba se olvida
como se olvida un sueño al despertar.
Una diría que el poema
está en la Patagonia
y tiene voz de viento catabático,
diría, con la mano haciendo sombra,
que con la misma mano no se puede
escribir y hacer sombra al mismo tiempo,
escribiría sin dudar acerca
de las transiciones del frío gris
hacia los rojos de tu boca
de agua salpicada de tinieblas
y oscuridad, en esa espera
en que esperan los ángeles
extinguirse en la luz escribiría
sin dudar un poema
debajo de los árboles
o en tu ciego temblor.
Una diría que al chascar la lengua
los ladridos de los perros se alejan
y su acoso sucede en otra historia
más creíble y por tanto
menos dolida
o eternamente impávida,
inasible en el paraíso
de los poemas que el mar hunde
entre sus fauces.
Una diría que se miente,
otros preguntarán por lo que dice
la niebla.




La piel callada



Que cesen los latidos de la tierra
y tan sólo se escuchen nuestros pulsos
al cabo del espacio de los tiempos,
donde nos parecemos a las sombras
y una luz en sus labios las retiene
cerca del beso, en un acantilado.
Me ha parecido verte en la leyenda
de un recuerdo teñido de perfumes;
contaba la leyenda que en tus ojos
y en mis niñas el mar, siendo de flores,
nos vestía el desnudo con sus olas
de pétalos añil y seda grana.
Nos miraron los pájaros los dedos,
nos dieron plumas, nubes y espejismos
y de mi playa fuiste tú la noche
acostado en los brazos de la arena.
Que renuncien al cielo las auroras
y en cada amanecer un plenilunio
nos convierta en palabras sin sonido
tatuándonos de amor la piel callada.





El mar








He visto el mar.
Se moría de sed
dentro del agua.













Clima



Sacudo de los paraguas los ríos,
ordeno las imágenes de los espejos,
quito el polvo a la lámpara
y decido encenderla
cuando mantenerme a oscuras
es lo más lógico,
o tiritar de calor si me quemo
al acariciar la bombilla
y sentir su incandescencia.

Me ha rozado el sol.
Con mis labios a cuestas
toco la intemperie de los tuyos,
la sed de tus huellas en mi boca
no adivina ni merma la lujuria
de cada palabra en el sentido
carnal de tu lengua.
Muerdo más que beso todas tus muertes
y un cielo erótico
incendia mi laringe.




Dialecto



Nuestra ropa ya está lavada.
Perfila el viento
su aprendizaje en ellas
antes de que las alas lleguen
a doblar por los pliegues las arrugas
y nombremos el agua
como un deseo.
Llovió por la mañana, las prendas del tendal
predicen una noche en los alambres
hablándose a sí mismas.




A ver si entonces



A ver si esto
intenta
y se dice.
A ver si se clava
si no se suelta
o si miente.
A ver cómo renuncia
cómo es posible
un poema
o una flor
o su cadáver.
A ver qué rosa
a ver qué nombre
si de sus labios
a ver qué pulso
qué sangre.
A ver si esto besa
a ver si quiere
o no hay boca
pero si la hay
te muerde.
A ver dónde
o dónde y cómo y cuándo
es que se inunda
se asfixia
por qué los pulmones
o quién respira
a ver quién no derrocha aire
y se muere
ya muerto
a ver
que lo diga
a ver qué día estalla
sin que se note.
A ver qué piel
y qué tacto
a ver qué hombre
y qué mujer
se tocan en una lengua
a ver qué sexo se introduce
en el otro sexo
con qué sexo
el amor
se masturba.
A ver si esto me desconoce
a ver qué color le doy
a qué espejo
si espera reflejarme.
A ver si tú
a ver si nadie
a ver si yo.
A ver si esto
a ver si nada
a verlo
a ver
si entonces.




Mogwai. 7:25











Mogwai





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