¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.



Netzahualcóyotl de Texcoco


Poema


Hay sangre en la hoja en blanco.
Si pudieras mirarla
cruzar el puente
sobre todas las gotas que han caído,

deshacer el silencio de la lágrima,
descubrir el momento en que los cisnes
alzan sus plumas por encima
de los lagos salvajes
                         y del sol
de nuestros cuerpos recién germinados.

Así el tiempo se nos concede
no como sangre ni como hoja limpia,

no como un frío extraño
                         o una ausencia.





Los mil ojos de la noche


Mil ojos son tus ojos cuando miran
a través de los ojos de la noche;
cualquier sombra, una claridad
que se desvela entre faroles,
el árbol creciendo al lado del agua
bajo el sol de la luna,
y las piedras gritando al cielo
un poema de flores.

A media luz
la voz de una guitarra
inunda los patios de Córdoba;
el Guadalquivir se arrebata,
loco se piensa océano
al descubrir sus olas
en la torre de la mezquita
acariciando los mil ojos
de la noche embrujada
que tus ojos despiertan.





A Juan Luis S.
A Córdoba













Música, fotografías y trabajo en video de Juan Luis Secø (Desideratum100)




De cuando algunas veces, tantas, al ver, escuchar, o leer, sentir, se escribe un poema
Con mi agradecimiento por la inspiración y la belleza






Poema


Me recuerdo en ayer,
de cuando tantas cosas
carecían de nombre y verbo.
Me recuerdo en las manos.
Fue un día, fue, y lo sé.

Y no es otra cosa, es la misma.
Suponer que al mirar atrás
las luces no deslumbran
y no soy extranjera
o ciega en mí.

La jaula no me nombra
ni me cobija en flor:
transformada en lo que me encierra
soy yo y nazco insegura en el óxido.

Hoy el tiempo vacía su sangre
entre mis piernas.





Antes de amar la piedra


Antes de amar la piedra
cantaba como un pájaro en la luna.
Pero había un desierto, y era hermoso
darle de comer lo que nunca estaba
a mano. El abandono amarillento
de otras noches regresaba de azul
y no esperaba que cambiase.

Antes de amarla
la piedra era un extraño
y no sabía jugar con los ojos;
se arrojaba como una flecha
desde su sitio hasta el siguiente.
Y también era suyo el daño.

Se daba vueltas como un pez
en una sustancia ondulante.
Y la piedra flotaba.

Antes de amar la piedra
también amaba la distancia,
más incluso sus bordes afilados.
La amaba y la mordía
sin justificarse las células
o el sabor a cal en la boca.

La amaba como aman las piedras
el pequeño rumor del agua.
Ni un ruido ni un sonoro vuelo
de dedos o alas, nada, simplemente.

Antes de amar la piedra
todavía imaginó que la amaba.
Como un desgarro
    de piedra rompiéndose.






Campos de cielos infinitos








Tierra de Guadalajara, desierto
de oro en caudal brillante,
fuego me das a manos llenas
en vez de nieve blanca.

Que ardor muerde los labios
al mirarte desde los ojos
con los que tú me miras
añorando los pastos verdes
entre los balidos de las ovejas.

Campos de cielos infinitos
y corzos entre nubes de heno,
el trigo mutilado
todavía grita fantasmas
en la desolación de su ceniza.

Ya suben las chicharras
a los árboles a cantarle a oscuras
al sol que se aleja resuelto
y anaranjado hasta su atardecer
más allá de los cardos,
tras las colinas y los cerros.

Tierra de Guadalajara, Castilla
dura, extrema y antigua,
más viva que difunta te descubres
como un río en los corazones
que te siembran amor
para que fructifique tu alma
junto al asombro de los girasoles.



(imagen cortesía de Julie Sopetrán)



derribo


A la garganta que respondes
en línea recta,

a la que no le da la luz
y se vuelve imprevista
como esa cicatriz
en el lomo del gato,

como esa herida vertebrada
que tienen las imágenes
de las letras a oscuras,

las paredes roídas
por el mal de la piedra
en los verbos de sangre
y el derribo de la palabra.




 




Este abrir los ojos
al abrir en cada uno
una brecha

y por su abertura
revelarse las manos,
asomar entrar y salir
los dedos

tratando de tocar
lo que se siente.





Hoja









Una hoja - la mueve el viento - la cambia de sitio - baila y canta la hoja por fuera de su cuerpo y se ríe de la lógica de la piedra porque no sabe caer cayendo como cae ella - como la silba su propio ruido - porque no la araña el cardo - porque no adopta posturas de ángeles para enseñarle su rostro a los adjetivos.

Una hoja - o simplemente qué es una hoja cuando no recuerda haber tenido voz nunca - y saca su cabeza por encima del agua y tiene escamas de sirena - la hoja cuando vuelve y se recobra y apoya sus dedos en los postigos que le impiden el paso - adónde va la hoja con sus andares inconclusos - qué parte de ella - de no tener zapatos pies o uñas - de no tener y ser ondulante el idioma que a tus ojos regresa.




matemática profunda


La matemática con que te miro
resuelve ecuaciones de tercer grado:
los valores de tus incógnitas
van desde el cero hasta el poema
que se está quieto mirando hacia venus
con su álgebra de espejos
acercándose a los lunares
que señalan los símbolos.

El coeficiente es un número impar
y se pronuncia desmayado
al unirse las coincidencias
dentro de la abertura
que da forma al océano.

En la extensión del laberinto
se estrechan todas las paredes:
el logaritmo se derrama
entre parábolas sin límite
en el interior del deseo
de la curva expansiva.




aquí


aquí está el abandono
aquí su cima

hay lugares que sangran
y quizá llego a ellos

-o desde entonces-




Y sin embargo yo


Yo
y sin embargo
yo
y no otra
sino no imagen
yo
yo misma
significado
yo
siendo
lo que s u c e d e
lo que es p  a   l  a  b   r   a
y no lo es
tan difícil
tan materia
tan no
sino yo
o no creíste
no miraste
sentiste
érase un silencio
érase otra dimensión
incluso lo mismo
él mismo
la misma
boca
cuchillo
vientre
y yo
violenta
vulnerada
v
e
r
t
i
c
a
l

c
a
y
e
n
d
o

huida.



Esa luz


Esa luz que guarda sonidos,
palomas y huellas de antiguos tiempos,
que recuerda el fin de la vida
en el principio de la búsqueda,
cuando el comienzo es la intuición
al saber de las fuentes infinitas
que se llevan lo muerto hacia la nada.

Así encontrar la luz
y a modo de vestido sobre el cuerpo
lo endulce con su labio tenue.
Así hallarla en el canto de la costa,
en la última señal de su perfume,
o en la casa de anoche,
hecha para nosotros,
para quedarse y abrazarnos
como una madre abraza
a su hijo.

Oídla, no es inhóspita,
es una luz de madrugada
y asoma de ti, diminuta,
mitad árbol, mitad entera,
entre los pliegues y las marcas
que dejaron las sombras
mucho antes de ser un poema.

Esa luz que aguarda y descubre,
la que no muere y resucita,
ese misterioso relámpago:
la luz que te penetra.




Una palabra afluente


Todo lo digo o mejor sí-
mejor me callo-
mejor me callo como el río seco,
como la estrella mustia de mis ojos.

Mejor que decirlo es pensarlo,
pensar entre los dedos y querer
que lo que digan sea un verso,
un verso que no diga nada
porque de todo lo que digo
todo muere siempre antes
y lo olvido callada.

Que no me callo, que lo digo-
no, no estoy diciendo, tan sólo
bajo las escaleras, subo a verte,
te llevo un poema y el río seco
se inunda y tú lo bebes

porque beber a algunas horas
es tan necesario como un poema
o una estrella viva en la noche.

Pero mejor es que siga subiendo
y se me alce en la boca un árbol
o todos los árboles que te digo
sean sueños que esperen en sus ramas
y le ofrezcan a tus labios un brote,
una pequeña yema,
el retoño de una palabra afluente.




O algo menos


Tengo un miedo de los otros,
un miedo que no está dentro de mí
sino que ataca temprano
sobre la nieve y sobre la piedra,

y me convierto en él y golpeo
cristales y vientos y me asusto,
esta vez sí, dentro como una casa
que pregunta si estoy o me toco las mejillas
o si los otros y la sombra que viene
pueden ser árboles y escaparse
al exterior que me traduce
tan gris o en rojo

o si me duermo donde no hay nadie
ni yo tampoco estuve
y al mover una mano
me voy a encontrarme

olvido
esperando que suceda
algo
y me vuelva
sólo
una luz perdida
o
algo menos.













Génesis para una flor en silencio,
para un mar sin palabras,
para llenar tu boca con el ruido
de la lluvia cuando no llueve
y gotea desde tus labios
el primer agua.











voz


Aquella voz de los silencios,
la misma voz de la vida abortada,
la del cielo de muerte,
la voz que le habla al mundo
con su saliva de aire.

La voz hendida y asustada
luchando contra la voz del gigante.

Aquella voz de niños,
la voz de las alturas de los hombres,
la pacífica voz de los amantes.
La voz ninguna:
             voz que ya no vive.

Nada tiene voz, grita, sueña
                                    o ama.

La voz de todo y todos
que en un instante
                            nunca vuelve.









En memoria de todas las víctimas de la barbarie humana
Hoy, aniversario de la matanza de Hiroshima





di



Cuántas bocas tienen tus labios,
cuántas acercas a la cicatriz
cuando se sabe sílaba
y su carne es tan sólo un verbo.
Y lee.
Dime qué sientes:
        no lo olvides:
algunas palabras no se pronuncian.