¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.



Netzahualcóyotl de Texcoco


A ver si entonces



A ver si esto
intenta
y se dice.
A ver si se clava
si no se suelta
o si miente.
A ver cómo renuncia
cómo es posible
un poema
o una flor
o su cadáver.
A ver qué rosa
a ver qué nombre
si de sus labios
a ver qué pulso
qué sangre.
A ver si esto besa
a ver si quiere
o no hay boca
pero si la hay
te muerde.
A ver dónde
o dónde y cómo y cuándo
es que se inunda
se asfixia
por qué los pulmones
o quién respira
a ver quién no derrocha aire
y se muere
ya muerto
a ver
que lo diga
a ver qué día estalla
sin que se note.
A ver qué piel
y qué tacto
a ver qué hombre
y qué mujer
se tocan en una lengua
a ver qué sexo se introduce
en el otro sexo
con qué sexo
el amor
se masturba.
A ver si esto me desconoce
a ver qué color le doy
a qué espejo
si espera reflejarme.
A ver si tú
a ver si nadie
a ver si yo.
A ver si esto
a ver si nada
a verlo
a ver
si entonces.




Mogwai. 7:25











Mogwai





Me está saliendo un cuervo por la boca



Me está saliendo un cuervo por la boca,
no se lo impido
ni que el placer se transparente
con toda su ceniza.
Me está saliendo un cuervo
y me enamora que pueda besarme
cuando cuelgo del árbol
y escucho la hermosura de los otros
pequeños pájaros, tan ciegos.
Me está saliendo un cuervo, y polvo,
tanto polvo me sale
que lleno un vaso y me lo bebo,
no vaya a ser que el agua hable
y me suelte dos párrafos seguidos
o me exprima el amor
y me reseque la saliva.
Me está saliendo un cuervo por la boca
y me atraviesa la mirada
de su ojo en mi ojo,
de su dolor en mi retina.




Nuestros labios de helio



Hablo con la noche
en este instante de oscuridad sin límites,
hablo contigo y escribo sólo para mí
dictándole silencios a la luna.
Traspaso el lejano umbral del halo nocturno,
su materia cristalina en mis manos
recrea paisajes de verbos azules,
onirismos de la piel en su perfume más interno.

Hablo contigo y todo es callado,
íntimo en la desnudez arrojada al enigma
de nuestra tenue forma oral;
somos ahora mismo el contorno de un mundo
de vacío, una consonancia rítmica
y aprendemos a ser nosotros
el agua de un tiempo ya inexistente
extraviado en el refugio de la Cruz del Norte
y su asterismo de luz.

Hablo contigo y conmigo a la vez,
tú escuchas la voz de mi cuerpo,
yo la tuya mientras le dices la palabra
a un ángel en mi ombligo, y le dices,
amor, le dices haciéndole el amor
al espejo de mis peces oscuros.
Yo soy Deneb, eres el Cisne,
soy el caudal de tú ave, tú en la lejanía más cercana
de una pluma de iridiscente sol.

Cuánticos en nuestra esperanza sin tiempo
hacemos de un año luz una milésima de segundo
y nos acariciamos con los púlsares
de nuestros inertes labios de helio
hasta estallar como supernovas
en un pasillo de lento e insaciable temblor.


Hablo contigo
y sólo escribo para mí
dos o tres versos junto a tu aliento
donde el poema habla de sí mismo
y hablo y pienso conmigo en ti.




Prodigio








Es ponerme a hablar
y estar callada al mismo tiempo.
Sólo tengo una manera posible
de quitarme de la boca
este fractal volátil
y es separándome de mí.
El prodigio del silencio
de este tan caliente y húmedo
al sobrevolar mis labios
y reclamarte en mi infinito
a solas.





Otros rincones



Otros rincones serán escritos.
Ya fue y ocurrió el día
con todas las armas en los dedos
y el mar dejo sus huellas
en la furia de las manos.
Otros rincones vienen a decirte
sigues estando conmigo
y la debilidad se me junta en la boca
con todas las contradicciones.
Me queda entre los labios
una cierta consonancia que amarga mi saliva
pero no acierto a cortarme
con ninguna tijera
y todos aquellos filos me están matando.






Haiku







Lleno de moscas
el ojo del caballo
parpadea.



~haiku 181~





Nieve



Miro la calle,
está llena de nieve,
es toda nieve
y todo es blanco,
y estoy blanca en la sombra de los árboles.

Miro como al nadar naufrago,
como si toda en negro
los ojos no sirvieran para verme,
y las manos y la ceguera,
es todo un arrastrarme de sonidos
y fiebres coaguladas.

Y me llevo conmigo, y me traigo sin mí,
y abro la boca sin palabras
y sale nieve.










Música: Last heat (jamendo)
Sergey Kovchik





Es tan sencillo amarte



Hoy mis ojos te llaman.
Se ha oscurecido el horizonte
y es mía la inmensidad de este hueco
donde palpita una rosa estéril.
Si me amaras con todas mis heridas,
amor mío, si al esperarte
el tiempo fuera nuestro
y la savia de un árbol recorriera
las arrugas de nuestros labios,
mañana o quizá siempre
mi cuerpo se confunde con el agua.
Es tan sencillo amarte.




Ruido de pájaros



Un poco de sangre
para ser capaz de admirar al cuerpo,
y entender que todo funciona
dentro del orden mínimamente establecido
por las pastillas y las palabras.
Porque el cuerpo, aun a oscuras, responde
cuando le hablas, escucha también
el exceso, la respiración,
lo inhabitable del silencio,
y la escritura sin reglas
de cada animal que le pertenece
cuando llora.
Es insalvable el harapo, la piel
que no se curte y la rueda atropella,
todavía antes de que la vida se decapite
y unida al tronco huela mandarinas,
flores en los precipicios, incluso nubes
porque las nubes huelen a poesía,
como la luna, como tus labios,
como sólo en tus labios puede oler
el aroma del agua recién lavada por la noche.
Un poco de sangre y una boca
para elevar el muro alrededor de las alas
que te cobijan, ya dormido, ya ausencia
en los intervalos eternos de las cosas,
cuando germina el tiempo bajo las uñas
y nos arañan los besos de la nieve.
Un poco de sangre, no más que la que golpea
mi garganta como si fuera el ruido
de un pájaro nocturno
rompiéndose contra la ventana
de una casa enferma de verbos
que no es mi casa
ni es la tuya
sino el hogar de nuestros ojos
cuando se besan.



Entre palmeras



Le diagnosticaron osteoporosis semántica,
el médico recomendó dieta estricta
a base de leche condensada y queso puro de oveja.
También que no dejara de hacer agujeros en las paredes,
que siguiera con sus dedos arrancando trocitos de cal
cuando nadie subía las escaleras
y los rellanos se hallaran vacíos.
Y los tiempos pasaron casi invisibles,
plantó manzanos y eucaliptos,
tuvo un hijo y los huesos lloraban trémulos
por la disposición de las espinas.
Alguna vez una jeringuilla, un goteo ocasional,
le permite refugiar verbos entre palmeras.




Espejos de sal



Ven a mí, me dices sin que me dé cuenta,
yo me quedo pensándote en otras lluvias
distintas, como si el agua fuera el acento
que llevo entre las manos, con prudencia
para intentar que no desborde.
Alguna ola se me cae,
no puedo evitar tener los pies fríos
y al querer descalzarme de su tiritona
tiemblo con las vocales desarrapadas
y me voy quedando en el eco que no me ve.
Ven a mí,
y yo te espero donde la lengua te habla
siempre allí conmigo, y tú, que en ella te desnudas
te pones tus ríos mientras los pensamientos
descienden por tu garganta.
En medio del puente estoy y veo llegar un barco
al puerto donde la habitación se hunde
en un griterío de gaviotas ensordecedor,
nadie a la vista y estrecho los ojos
en la línea divisoria de las palmas de tus manos.
No estás y el ven a mí se desfigura,
la espalda de una canción se acerca en un horizonte
rodeado de espinas y sombras.
La inmensidad es el peligro
al llegarme a los espejos de la sal.
Puedo sentir la unión de los colores,
el negro y el blanco se parecen en mi locura
a un cuervo de arena, y lo escribo
mordiéndome el labio hasta el beso.
Ven a mí, me dices sin que lo note
y mansamente agonizamos en una playa.





Alma




Existe un cielo siempre de tormenta
allí te amo.




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