¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.



Netzahualcóyotl de Texcoco


acercamiento



Con el pie en el acelerador escucho música; a ciento cincuenta kilómetros por hora los espacios recorridos se hacen distancias cortas, todos los árboles son sólo un árbol, la niebla es una mano muy grande, y atrapa.
El agua que corre a mi lado no es la de otros días, es tanta y va a mi misma velocidad, su lengua no deja de querer buscarme, su preciosa lengua líquida.
Las palabras están donde estaban y quiero parar a escribirlas antes de que la autopista las devore, antes de que la canción termine y la respiración se aparte de su miedo a morir golpeado contra la bionda y así, en un instante, deje de existir el pulmón y la palabra que lo origina. El miedo roto sobre el asfalto.
Pensaba despacio, iba rozando cada arco iris que no veía, la chispa de un trueno a lo lejos, las manos que no saben decirlo y la tormenta que sonríe con un color transparente, gris o blanco, o es rojo el cielo ahora mismo y sobrevive entre los dedos.
Y la palabra se hace honda, me ensimisma y soy ella; no sé donde estoy y miro hacia un punto fijo que no existe, que no está, pero lo estoy viendo, transcurre como en un sueño, acaso el de anoche o quién sabe si es la consciencia lo que perdura en la secuela del hecho, y también en este de estar conduciendo y estar sólo atenta al murmullo que me envuelve haciéndose pleno en la sensación que me habita desde dentro, el lenguaje de la lluvia, tus labios, el fruto de acercarme al conocimiento.
La niebla entra por los sentidos y no avisa.






cantaba Bunbury, la chispa adecuada







ahí



Una forma, un silencio, hablar mientras lo tengo entre los dientes, mientras lo que como no lo es y se transforma en sustancia mineral, algo parecido a la existencia de un árbol o un paisaje que se insinúa en la garganta dejando su sabor en las encías.
Y un poco de sangre.
Una fuga de ese silencio, la forma adoptando otra forma diferente, una palabra que extrae un cuerpo de sí misma y la lengua que lo atrapa y se deleita en el secreto de la unión dentro de la boca diciendo callada esto es una voz o de cerca es una mirada o es un indicio de piel extendiendo el caos desde la nuca hacia los sentidos.
Y un poco de sangre.
Dentro de ti puede suceder el viento, la lluvia, pueden suceder animales, piedras, océanos, distancias y sumideros, agua turbia y líquidos cristalinos, otros vientres dentro de tu vientre, ombligos que se rozan como letras, que se acarician como frases, adverbios de circunstancia inorgánica, un pronombre -tú-, un verbo que besa y alumbra.
Y ahí
un poco de sangre.








lo que ocurre no es lo que ocurre,
es el poema.




quedándome



Donde la mirada es más fría
y se agosta enredado el ojo
en el ojo del mar
como queriendo ser un alga
o una historia de espuma.
Trazar y trazar huellas
a media tarde, ya casi enigmática,
ya sin color y sólo de salitre
el viento salta al dedo
y de él a la boca, a la lengua,
dándole su sonrisa el gusto,
igual que tú.

Y allí distinguir también el ocaso,
también el agua, las pequeñas luces
envueltas en neblina, la pereza
de dos o tres gaviotas en la playa,
el confuso azul vestido de negro
agitando su piel,
lavándose a sí mismo,
a nosotros con nuestro verbo.

Por delante las horas se esconden en las casas
de los cangrejos ermitaños,
los ruidos se sorprenden silenciosos
y, al raso, nuestros labios
avanzan, entonces avanzan
hasta el dolor de la saliva
transformada en metáfora.

Hace tiempo que anocheció
y sin embargo una bandada
de espejismos cautiva el horizonte.
En ti me quedo a oscuras
a sentir el paisaje de las olas.




toda esta voz



Toda esta voz que no dice
esa voz callada y despierta
la que pregunta y respira
la voz que sabe y no sabe
esa voz piel la voz garganta
labio del verbo del aullar
que atraviesa pájaro
que hiere heridas

ese sonido sin lenguaje
fantasma
o esta voz de sangre extensa
larga y dormida sonámbula
profundamente inmóvil
la voz agitada
pronombre del dialecto que te golpea

mi voz del sur mi voz del norte
toda la voz escalofrío
toda rosa y espina rosa y dolor
la voz sin frase sin lengua sin hora sin viento
voz de voz sin voz

que da sabor y siente y es roja
la voz lágrima la voz sexo
que es curva y se arquea
y es ombligo boca
mi voz manchada de esperma
toda esa voz
esta voz mi voz
dentro de tu voz
clavándose en tu espalda.




Rain prelude











Música de Vadim Kiselev





dejar



Para mantener lo desnudo a salvo hay que proteger la carne con una lengua maestra, que si se deja ver tan sólo sea por la rendija por la que penetra la luz, adivinándolo silvestre.
Para pronunciar ciertos idiomas hay que esperar junto a los manantiales y mirar el agua cómo nace cristalina de entre los guijarros, acercarse a beber con la conmoción que te sujeta al precipicio de tu reflejo, hacer de él un enigma y decirlo con la boca ahogada.
Así la piel será visible y los animales, cuando acudan al claro, podrán acercarse a sus cuerpos para lamer los pensamientos de sus imágenes.
Sólo entonces podrá abrirse la respiración al arroyo, permitir que invada pulmones y cobijos, dejar que lo desnudo queme.




y un día







Que si escribo es por decir el poema,
por sacarlo de dentro de la roca.

Pero el cuerpo que tiembla
es la piedra, decíamos nosotros
tan pequeños como arrojados
a la palabra.

Sacar a la belleza de paseo
observarla desde las sombras
y ponerle su cruz
y no una florecilla,

todo es tan grande y tan minúsculo.


Y un día escribes
y dices amor.





Historial



No digas ni te manches
de la casualidad onírica
del sueño tropezado
con tu cabeza y el frío.
Anoche hizo calor y un homicida lloraba
pero era una película cruda como el secreto
de noviembre y sus años.
Está por ver si la biblioteca contiene todos los títulos
que acumula el polvo en sus estantes,
está por verte con tus manos
el silencio
haciendo que lo quitas y lo pones sobre tus ojos
mientras tiemblas
reflejada en los azulejos de las fuentes.





el gesto



Pensarás que no eres y la niebla no va a decir que es niebla porque te venda los ojos y tú entraste por un hueco que atraviesa la luz para encontrarte con la inercia de dos cuerpos que sólo se mueven con su caricia.
El rasgo invisible del aire va de la boca a la boca, la respiración se traza apenas tangible en el vapor desprendido por la palabra al calentarse el gesto de las pieles que se forman con el intercambio íntimo de oxígeno.
A partir del espejo amorfo dos cuerpos se crean a sí mismos evaporados, gotean la propia niebla que son, el agua que los confunde.




El poema, el árbol y el tigre



Cómo va a ser que del poema
nazca un árbol o un tigre,
si no hay ramas, si no ni un óvulo,
cómo va ser que diga o gruña

o le crezcan pájaros o que sea
un alga, una medusa
dentro de una ensalada submarina,
cómo va a serlo si lo comes
y en el gusto te deja el sol
o sabe a negro,
cómo va a ser que de nocturno

dé dos pasos y salga de la luna
sin halo y con dos cicatrices
que son cuchillos y son niebla,
cómo va a ser una naranja

si a veces pica y es amargo
o es un limón exprimido en la lengua,
cómo va a serlo si es un bicho
y es una fiera castigada
dentro de una flor o en su espejo,
cómo es posible que lo sea

y te contagie un beso
o se te pegue a la nariz
su aroma corrompido y vuelva
otra vez aquel beso como piedra
y la fragancia huela a rosas,
cómo será de incierto cuando leas

y el poema, el árbol y el tigre
se hayan ido a buscar otro poema,
cómo va a ser capaz tu boca
de averiguar el cómo y cuándo y dónde,
el cómo y su imposible,
porque cómo va a ser relámpago
y una ventana abierta,

o tener voz de agua
y llorar en el vértigo,
cómo será posible traducirlo
y que sea un poema y no un armario
atestado de sabandijas
o de jardines y florestas,
cómo va a ser creíble mi cintura,
tu piel o tu latido en el poema,

cómo va a poder serlo.




Te han encontrado







Te han encontrado con la araña
y estabas en cuclillas frente a la sombra azul.
Estabas con las piedras en la boca,
les enseñabas de los verbos
su principio de enjambre.
Te encontraron con la ignorancia
antes de amanecer la sombra
o de llevarte el sueño
hacia la idea de los pájaros.

Te columpiabas en la orilla
de una casa nocturna,
insistías en hacerle el amor.
Porque de esa manera extraña
el secreto te envuelve.

Has soltado la lluvia en el poema
-pobre poema inmaculado-,
y un animal mancilla su esqueleto.

Te han encontrado con los hijos
de los números rojos.
Estabas en el borde del violeta,
con una mano llorabas dos labios
y lo pensaste todo alrededor
anónimo en su jaula.
Te han encontrado dentro
y también fuera del océano.

Has hecho leña de tu vientre
y te comiste sus manzanas
con el gusano.
Una sola raíz hunde la tierra,
una sola te dice.

Te han encontrado lejos.
Apenas una pluma.



abrazar



Recuerda cómo tiene que abrazarse para mantenerlo dentro de sí.
No sabe si es un sueño pero sabe también que despierta, que lo está, y sucede un acto de nacimiento creando una ensoñación de la oscuridad que alcanza a mirar con sus ojos abiertos. Entonces los cierra, escucha y ve, conoce. Siente.
Recuerda que no está soñando, la huella persiste más allá del silencio que ocupa su lógica; piensa, imagina, tal vez consigue con su extensión la largura que desea para sus manos, para su cuerpo, para su todo, y así lograr entender el prodigio que le ofrece la propia ausencia.
Sabe y no comprende, comprende y adivina que no puede saberlo, y sin embargo descubre que comienza a abrir sus labios, sabe que su boca está desnuda y a la vez desnuda otra boca, otra ausencia más cercana, si cabe, que la suya.
Retiene el aire, descifra los trazos de una voz que se hace próxima a su lengua, y se entrega a respirar el aroma de otra carne que se da a su carne, que le propone vida con su roce húmedo.
En el hueco de su duermevela recurre a acogerlo íntimamente en sí, lo envuelve, se ovilla en la profundidad de su ternura más secreta.
Sospecha que el dolor no termina ahí, lo intuye más adentro, también más oculto e intenso, hiriendo el temblor. Le duele y acaricia su herida para sentirla crecer, por tratar de llegar al origen de la presencia que se le adhiere, a la que se abraza abrazando, sintiéndose.










espejo



Le pregunta a los ojos que mira
si va a alguna parte
donde existir tenga un nombre
o una extensión
que recorra
lo que hiere

es eso la recompensa
al estímulo del apremio
o tal vez la reciprocidad
existe como existe el fruto
que se arracima en el cáliz
del que come la propia herida
gritando.

Los ve y la pregunta
no importa, no es necesaria,
los mira y lo sabe,
no espera que la locura
penetre más íntima
porque ya está y se cumple
que cada palabra
delante del espejo
se responde a sí misma
y desde ella él
él lo siente.




Su amante golpear



Siempre me puede el puño
cuando peleo contra mí.
En el cuadrilátero estamos solos
él y yo, tan parciales como esquivos
en esta circunstancia sin matices.

No me he peinado, el agua y su cuchilla
esperan mi regreso entre las cuerdas,
volver a los desiertos donde el mar,
a la herida en el páramo, y al beso.
No me peino y me puede el puño,
me puede la razón de la marea
y el contrincante se hace fuerte
en el ventrículo derecho
con su latido residual.

Izo la mano como una bandera
en son de calma, la sujeto a un mástil
y el viento se la lleva hacia tu rostro.
Siempre me puede el puño y cada sílaba,
como un sueño en la herida, hurga
hasta que me dejo sangrar
y tú vienes a morirte conmigo.

Otra vez el puño, otra vez la letra
y la cruzada contra el surco
en el renglón se torna miserable,
pequeña es esta guerra y el soldado
sin armas la deduce inútil,
ya perdida y pronosticada,
tan difícil de demostrar
como tu lengua en mi cintura
o mi boca descubriendo tu cuerpo.


-Siempre me puede, no lo niego,
me vence, me abandono
a su tibio y amante golpear-





derivar



Todo esto es por la sombra
y lo es por una cierta luz.
Todo esto, lo que parecen palabras,
no es sino el otro verbo.
Y también lo es que el alma elija.
Quizá quise decirte,
te dije
y te llamo amor mío.