Se espera que hable, que diga,
que inicie frases con artículos
seguidos de verbos y complementos,
que adjetive y añada adverbios
al énfasis de la pronunciación,
que origine acciones para despojar al silencio
de su lengua en desnudez;
esperan que los puntos sean seguidos
y continúe la retahíla de la oveja
en medio del rebaño,
como si alguien prestara atención
a un balido más ahogado entre los otros.
Se espera que dialogue y haga mío
el absurdo hablar por hablar incontenible de las moscas,
que repita hasta la saciedad oraciones hechas,
oraciones que no tienen, pensamientos que aman
y sangran abiertos al encerrar su piel en un poema.
Pero no digo nada, no hablo,
prefiero salir corriendo de mi boca,
adentrar la voz en la nuca intransitiva
de un gerundio y decir que la hierba crece
sin sentido, en algún sintagma interior.
Una palabra flota en medio de la ceguera,
no dejo de mirarla desde que la mano
se negó a escribir poesía vegetal;
y todo es muy simple diariamente
en este estado de narcolepsia y hundimiento.
Hoy sangro clorofila y me estoy quieta
caída por la pared de tus ojos peregrinos.
Tanta tierra, tanta agua árida
y un dios llamándome al suelo
me abate con su hacha
como árbol de ceniza.
El grito se apaga en la cerradura.
La savia fluye entre grietas y espejos de obsidiana.
No se espere más.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.Netzahualcóyotl de Texcoco
jueves
martes
Tiéndete aquí, conmigo,
junto a la palabra noche,
esperemos a que su enigma
abrigue los secretos de las manos
encadenadas a lo oculto.
Tiéndete entre mi cuerpo y la Luna,
en esa oscuridad sin nombre
que anuncian las bocas desiertas
bajo los álamos retorcidos
por la nostalgia de los días invisibles;
dame calor con tus labios
encendiendo paisajes y desfiladeros,
que no imagine tu carne otro edén
más íntimo y dulce que el entregado
en esta hora de gozo salobre.
Te llevaré entre agua y jadeos
al avemaría de la muerte entre mis piernas,
prisión y abismo rodeado de pétalos de flores,
rosa abrazada a la tibieza de la piel bajo tu vientre.
Sé de un tiempo que nunca existe,
sé allí de un siempre.
Vámonos hasta lejos,
a distanciar montañas y ciudades,
con la arena en la mano
y un ojo en el destino
vamos a pronunciar gaviota
entre palabra y viento.
Abril es un océano
y tiene roto el nombre
por golpear el frío el sueño
renunciando al amor
quien no siente las lágrimas
y construye la ola
con fuego moribundo.
Mirando lo imposible
sé de tu agua tibia y roja,
sé pensarte en tu isla mientras llueve
y el alma sueña
cobijada en el gesto de la noche.
Vámonos en silencio
a sembrar árboles
alrededor del daño gris,
sus flores de mañana
serenarán las grietas de tu herida.
24 de abril, 2013
No me preguntes cual dios muere,
ni por qué escucho el insomnio de la estrofa.
Mientras rezo todo es azul,
la profecía en la belleza
de tu nombre en susurro,
un cáliz para beber de lo eterno
con las manos y sus animales
trayendo hacia mí tus ojos.
Quedó en la voz la noche,
un rasguño en la letra me recordaba
los viajes de los ocasos hacia el beso.
Verte
así cuando llegas de los edificios conquistados
al terrible sueño sin soles,
con voluntad de humo
iluminando pasillos de sangre
y corrientes en las venas.
Verte
como al invierno en la escarcha
y al pájaro sin nido,
rozar las últimas horas
en la medianoche y su blancura.
Verte
en la intimidad tibia de la rosa,
sobrevolar páramos y arenas,
con el alma en el pecho
y un racimo de tempestades
asomadas a tu boca.
viernes
El círculo cerrado
admite más poemas.
Un monólogo sobre la locura
arrestado en el vértice del sol
escribe entre rumores secos
y fantasmas de espera.
El camino que lleva a ti
tiene los pies contados,
son dos, tres, mil, ninguno,
y las bocas no dicen nada,
no hay cancela más allá
del día y sus paredes.
Entre la multitud de los destinos
escojo los impares,
su éxtasis me guía en lo profundo
hasta tus labios.

Si me visto de accidentes
para llegar hasta tu sien,
ensañándome con verbos
de cara analfabeta
y mirada difícil,
si me sujeto a los imperdibles
del día oscurecido
y las manos las tengo en la palabra
cuesta abajo en la lengua,
y hacia dentro mi piel
es la piel de un pájaro
que llevó el viento
hacia ti,
espérame cuando esté contigo
en el ángelus de un poema,
en su memoria al anochecer.
Cuando la lengua parece un trapo
lo mejor es tenderla, en la calle,
junto a calcetines, sábanas, sostenes
y demás cajones propios;
al encontrarse con el viento
se puede orear la sensación de harapo,
sustituir el remiendo por un enjambre
de palabras ocultas en las piedras
tartamudeando polillas en la garganta.
Puedo equivocarme construyendo transparencias,
la pared va aquí, la ventana justo encima de la sombra,
y no hacer caso de los planos sobre la mesa,
-el arquitecto no sabe de versos piel con piel-
orientar al norte los equilibrios de las habitaciones,
distribuir entre las puertas arroyos y ecos
donde las células puedan acostumbrarse
al agua cuando se miren a los ojos.
He levantado una casa con humo
debajo de nosotros, una tumba de espejos
donde los labios responden al éxodo
con movimientos de vaivén, irse y regresar de las buhardillas
repatriando la boca llena de huesos
en ese país donde la más negra de las noches
es un día esculpido con nociones de desventura
y fragilidades que silban en los extremos
de los propios nombres malogrados.
Un candil ilumina las lápidas,
los restos de arena de los relojes fallecidos
se esparcen por el suelo con levedad infinita,
las edades de las piedras se miden a pestañeos,
y nosotros, que no morimos, tenemos las lenguas
estancadas en los huecos de esta extinción cóncava,
imaginando paraísos más allá de los hogares
de la bruma, la necesidad y el aliento.
Puedo equivocarme, intuir tu saliva
en la humedad de mis muertes.





















