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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




1 de febrero de 2012

Marea




Me empujo hacia la hora que se cae del tiempo
un vacío con nombre tira de mí
quiere verme entre las piedras del fondo
verme cuando hurgo en el agua
y cavo y cavo otra vez
mientras avanza la pleamar
hasta la salina de mis ojos.

Me arrastro como el caracol
sobre un suelo de saliva y barro
arena donde escondí la sombra
la distancia la letra del puño y el aliento
en huracán no deja de ser un verbo en subjuntivo
un romance hipotético
de razón triste.

Ven, me dice la altura
te cogeré en volandas
antes de caer en el oeste del invierno
ven, no soy yo
te llevaré al lugar donde se extingue la ausencia.


Llego cuando te has ido
y no acierto a encontrar la palabra
sin pies ni cabeza ni el ruido
de la rompiente en el recodo de la luz
de la noche en los charcos
ascendidos a la memoria
donde agonizan los peces
en un azul muerto sin olas.

Frente a la dulzura de la voz
imagino despertarme en una isla
cubierta por noches sin mancha
noches de pabilos y sal dulce
donde esperar no es irme
ni ocultarme contigo en el caparazón
de un mediodía lluvioso.

En algún cielo indomable
tu piel no es absurda
y yo me abro a ti.





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