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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




8 de mayo de 2012

Correspondencia unívoca




Todavía recibo cartas sin abrir, cartas que me escribo a mí misma desde la sombra y su soledad.
Todavía tiemblan mis labios con las palabras ocultas entre las líneas verticales de los tiempos del residuo y su inquebrantable sonido de océano.
Los huesos aún permanecen al lado de la carne, alguno hay que perdió sensibilidad al sumergirse en el agua abandonada de tu sonrisa tras de mí.

He llegado hoy a la casa agujero, lentamente mirando los colores, por si venías conmigo desde una inesperada causa, o existías escondido entre la luna y el sol, como un transeúnte sin memoria, ajeno a la intempestiva inercia de la noche y a los símbolos de sus luces submarinas.

En este cuaderno de nubes que es mi boca, se cobijan las turbulencias de los fuegos líquidos que la tuya incendiaba en mi vientre, retales de telarañas en flor, símiles de conjeturas adheridas al cuchillo que pule el suelo de la habitación vacía donde las algas proliferan a su antojo, olvidándose del musgo y su muerte.


Todavía recibo cartas sin abrir, cartas que no he escrito, cartas que son nada, transparencias de viento alrededor.




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