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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




29 de noviembre de 2012

Querido mío. 2



Querido mío,

De alguna manera intuyo tus pupilas, perdóname si herí tu llanto con las espadas de la noche.
La justicia de la hora me ha encontrado despierta antes de amanecer el sol en el alambre del sueño, y las esquinas me apretaron con sus filos agudos, sin dejarme un sitio en la boca para vestir con seda, querido mío, tus labios.
Una quietud se adueña de mi aliento, es la alianza del insomnio al escribirte en la soledad de esta muñeca que va acallando el pulso hasta hacerse imaginaria en el piélago de tus ojos.

Me ha despeinado la sombra de una piedra grana, o fue tu voz de náufrago sin rumbo sumida en la gota de sangre que recorre mi vagar sobre la escarcha de las flores; no sé, querido mío, mi nuca confunde el mar con tus manos, y quisiera desaparecer en ellas, hacerme ola y estrecharme en la rompiente que tus dedos dibujan en el salto de la oscuridad al alba.


De un día para otro me voy perdiendo en la palabra, en esta belleza que no conoce paz ni límites, ni otra lucha más allá del silencio de los huesos tristes, de los harapos de mis pies submarinos cuando te buscan, siempre, querido mío, en todos sus andares.



Te beso.
De ti.




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