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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




28 de enero de 2013

Sólo tuya



Larga es la hora en el camino
que parte de mi lengua a tus ojos,
interminable en la vuelta a las esquinas
donde queda la piel emboscada
tras los rincones del silencio.

Con la noche habitando tu boca
recreo tu respiración en mis ganas,
me escucho con la voz en la saliva
decirle al labio que soy sólo tuya
mientras rezo en el iglesia
de los dioses olvidados.

Ahora que reina el frío
y la muerte, un poco,
se asoma a mirarme desde su altura
de sombra muerta y a veces blanca,
me agrieto en el surco del verso
y rondo tu garganta con caricias
en dialectos de hace tres mil años,
gruño en tu oído una mueca
ininteligible de susurros primitivos
y te beso poseída por el fuego
antes de la oscuridad terciaria.

Con la lejanía sobre tus manos
llegan a mi ombligo todas las aves,
su vuelo es el latido de tu pecho
enredado en las luces de las horas
al fluir de mi sangre.