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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




3 de enero de 2013

Todo tú entras en mí




Allí he dejado la voz desahusada
y el beso difícil,
desgastando los enigmas de mis labios
en la nuca del amanecer.

Un verbo sangra a medio construirse
sin andamios ni armazón en su interior
de costumbres de lluvia y sustantivos
adiestrados en la muerte más bella.

Más rápido que la vida
el sueño se convierte en festín,
vuelvo a llenarme la boca de madrigueras
y subterfugios, vuelvo a concluirme
en edades incomprensibles
y movimientos de sal,

y me llevo la garganta al pecho
donde late la asincronía y el marasmo
encuentra su razón de ser menos involuntaria,
la noche se deshila entre mis muslos
y todo tú entras en mí,
agreste y sin liturgias negociadas
con el roto de mi nombre,
mi roto y yo y mi piel y tu sinnúmero
de principios se alumbran hacinados en mi lengua
traída al mar.





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