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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




18 de enero de 2013

Vienes tú




Estoy distraída, con la cabeza en otra parte,
y no supe del amanecer.
Todavía con la oscuridad inquietada en los dedos
araño distancias y curvas de ola,
costumbres de pez que la noche en su insomnio
practica en las horas turbulentas
previas al destino de la aurora
en su lánguido morir.
Entre la vigilia y el silencio
la atmósfera se cubre de lentejuelas,
los soles no tienen forma
y vienes tú a dormirte en mí.
En los cauces de la inconsciencia
tengo conmigo esta soledad
que tus ojos confirman tras un velo
de polvo y barro, la seda de tu mirada
es una luz vestida de luto,
áspera como el vacío de la dimensión
que nos esconde en un cuento colmado de erratas.
Te siento donde el gozo me hunde en el mar
en este caer sin reservas hacia tu canto íntimo
afrontando raíces y exilios, lógicas y ganas,
tan sólo para poder ser lluvia entre tus brazos,
mientras te nombro entre los rumores
de mi piel nocturna, con palabras rotas
y agua en los labios de la flor
que habitas con la comisura de tu aliento.
En mi vuelta a los jardines de sal
tengo una lumbre cobijada en tus huesos.




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