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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




25 de febrero de 2013

En la opacidad de la bruma




He esperado el suicidio
de la fragilidad del cielo
atrapado en el gris infinito
del declive de la línea
que se desdobla en silencio
en un renglón del poniente.

Mientras el sol yace en la frontera,
trasnochado y absurdo,
la nieve se refleja en el mar
traduciendo sus olas.

Una palabra y su familia
de artículos y pronombres
con voluntad de sombra
se transcriben en resúmenes
de ausencia que la noche resucita
en la mano alrededor de la letra.
El tú, el yo,
un verbo y su ceniza
escriben sed y se licuan
en la opacidad de la bruma
que el labio convierte en rescoldo.

Puedo decirte
y acompañar la voz con una espada
que atraviese mis encías,
silabear tras los dientes
una gota de humo,
y enfrentarme a la lengua
en su libertad sin mesura;
y todo queda y a la vez huye y vuelve
a un tramo de saliva,
al aliento y su temblor lascivo
pensando que acaricio con mis ganas
tu boca nocturna.



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