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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




17 de mayo de 2013

Escribía



Cuando se inició el sueño.
Recuerda que caía una lluvia tenue, como un deseo de satén que acariciaba la noche en su cabello.
Recuerda un tiempo que fue suyo, extraño, un tiempo sin memoria, donde nadaba a favor de la corriente y nunca en contra de su boca.
Todas las cosas tenían nombre, ella le decía esto se llama labio, esto es la luz y aquí está el fuego, encendido entre nosotros.
Sucedió al alargar la mano y no encontrarte junto a si. En tu lugar vinieron los pájaros con sus dientes a hacerle sangrar.

Corría por un bosque de agua y tocaba lentamente la piel de los corales y el rocío de las mareas en sus ojos.
Cuando el mar se la llevó.
La cubría un océano de hojas resecas, aquella garganta entre las olas era la suya, regresando del horizonte para morir mientras moría la voz en un eclipse riguroso.
Al cabo del sueño no puede hablar, la lluvia se hace perenne.
Y escribía: "Amarte te halla siempre en un ángulo fuera de mí".


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