¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.



Netzahualcóyotl de Texcoco


No se espere más



Se espera que hable, que diga,
que inicie frases con artículos
seguidos de verbos y complementos,
que adjetive y añada adverbios
al énfasis de la pronunciación,
que origine acciones para despojar al silencio
de su lengua en desnudez;
esperan que los puntos sean seguidos
y continúe la retahíla de la oveja
en medio del rebaño,
como si alguien prestara atención
a un balido más ahogado entre los otros.
Se espera que dialogue y haga mío
el absurdo hablar por hablar incontenible de las moscas,
que repita hasta la saciedad oraciones hechas,
oraciones que no tienen, pensamientos que aman
y sangran abiertos al encerrar su piel en un poema.
Pero no digo nada, no hablo,
prefiero salir corriendo de mi boca,
adentrar la voz en la nuca intransitiva
de un gerundio y decir que la hierba crece
sin sentido, en algún sintagma interior.
Una palabra flota en medio de la ceguera,
no dejo de mirarla desde que la mano
se negó a escribir poesía vegetal;
y todo es muy simple diariamente
en este estado de narcolepsia y hundimiento.
Hoy sangro clorofila y me estoy quieta
caída por la pared de tus ojos peregrinos.
Tanta tierra, tanta agua árida
y un dios llamándome al suelo
me abate con su hacha
como árbol de ceniza.
El grito se apaga en la cerradura.
La savia fluye entre grietas y espejos de obsidiana.
No se espere más.



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