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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




4 de agosto de 2013

El mar te arrulla







Desde tu cuerpo de luz miras estas manos,
mis manos cómplices de la oscuridad
y del insomnio que escriben sin tus ojos,
tu mirada inmensa, verde,
tus ojos de esmeraldas y de musgo.
He salido a buscarte a la esquina del infinito
buscándote en los sueños al pie de mi cama
para remediar aquel frío de antes,
de ahora, que se llevó tu piel y tu voz
a la ausencia, en un falso tiempo de estío.
Hoy recuerdo lo que no pudiste escuchar
cuando el aire temblaba con el relámpago,
tantas palabras como latidos,
todos los besos, y tus venas sin sangre,
hermano mío, tu aliento ya de humo
se asemeja a mi lengua en este evocarte
con dolor sin límite en mis adentros.

Eres tú y te siento, regresas intacto
sonriendo con iris de luna, con tu carne de soles,
corazón y pulso de meteoro,
tu alma palpita en este crepúsculo onírico,
yo te abrigo con mis versos
y el mar te arrulla.



A Víctor J. Martínez