cabecera
















¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




27 de octubre de 2013

Algas



Esto me sirve para saber la profundidad a la que llego.
Es una vara larga, una pértiga que atraviesa el barro
antes que el agua limpia, porque el agua limpia
se encuentra apartada siempre del lodo.
Y sé que no puedo ir más lejos
porque la hondura me enseña su daño
y me voy abriendo paso entre laúdes y peces de luz
para llegar al fondo del espejo
cuando la vena sangra y todo lo puede
la sombra muerta al lado mío.

La debilidad me acorrala,
vaciarse no es está permitido.
El poema me cubre,
gotea con su música de sueños
como el llanto de un niño en mi regazo,
y la distancia se me aleja.

Me escucho en las preguntas
de los páramos en el rincón
en este merodeo a través de los líquidos
que desnuda mi sien en la lejanía de los pájaros,
tantas huellas, tanto el muro
y el amanecer sigue violentando
a la noche en sus sílabas.

Exilio, deserción,
destierro a la mazmorra fría,
una lengua me nombra
y es la mía, tan propia como ajena
con sus razones, sus motivos,
un garabato sin acento
en el dibujo de las algas
de esta sima y su oscuridad.



1 comentario:

Julie Sopetrán dijo...

Qué belleza de poema en la amargura!