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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




11 de octubre de 2013

La naturalidad de la ceguera



La lluvia tiene un ojo impar,
me mira con sus símbolos de arena.

En el eco de su caída
asciendo con el agua
a la marea ardiente
y todo va con la memoria
creciendo íntimo.

El alud y su tacto
son dos vuelos anónimos,
dos siempre únicos
desencontrados en la llama
detrás del fuego.



3 comentarios:

Julie Sopetrán dijo...

Me gustó mucho este poema.

Letras Inversas dijo...

Qué grato es visitarte Ío, hoy una vez más, deletras.

Cecilia Montoya dijo...

Ío, por qué no puedo comentarte en las últimas entradas? El blog sólo me habilita para hacerlo, en algunas. En las más antiguas.
"La lluvia tiene un ojo impar,
me mira con sus símbolos de arena"
Juegas con la belleza de lo inverosímil, un tanto onírico...pero me resulta apasionante por la diversidad de lecturas que admite. Un delirio de imágenes. Besos