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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




13 de noviembre de 2013

Su núcleo de amor



En realidad lo que sucede es el poema y su catástrofe
como en otro mundo.
Se desgaja de la piel una espora
sin coordenadas,
y la habitación está aquí, conmigo,
nueva, extraña, a oscuras,
cincelada en el desborde de una pared
que escribe con arena
la similitud de la tinta derivada de la boca.
La única célula se divide,
se reproduce sin ombligo ni progenitores,
y es simple su núcleo, de amor,
eucariota se estrangula a sí misma,
y de la madre primaria
nace otra madre y su hijo.
La madre llora con su cuerpo virgen,
son de cera sus ojos
y se derraman sobre los peces.

En realidad por dentro el día nunca comienza,
se despide el espejo y me lleva a los grises
saltando de rostro en rostro
a los sueños de los lugares donde dios dijo
llorad por los acentos bajo la tierra,
llorad por los labios secos,
por los versos y sus ángeles,
por los locos nocturnos,
llorad por la hermosura
de la garganta del poeta.

En realidad es el sabor de la sangre,
la soledad de la memoria,
un devorarse los huesos
rozando la saliva el paraíso.



8 comentarios:

Omar enletrasarte dijo...

es que el poema es vida y muerte
y todo lo que ello implica
saludos

Ío dijo...


Muchas gracias, Omar, por acercarte con tus palabras.
Mi agradecimiento también para quienes se detuvieron a leer (o ver y escuchar) las anteriores entradas, y por escribir.
Salud y saludos para todos.

m.

ANTIQVA dijo...

Un abrazo, Ío... Es que pasaba por aqui... Fisgando un poco...

Cecilia Montoya dijo...

Y en ese llorar, se paren los hijos. En el "sabor de la sangre,
la soledad de la memoria,
un devorarse los huesos
rozando la saliva del paraíso."
Es ese paraíso que llega después de llorar.
Hermoso. Un beso, Ío

Ío dijo...


Bueno, Antiqva, gracias.
Un abrazo.


Gracias también a ti, Cecilia.
Un beso.

m.

José Antonio Fernández dijo...

Me lo he leído y releído.

No hay mejor modo de empezar un poema que diciendo: el suceso es el propio poema, su catástrofe.

Me ha llevado al origen de la vida, como modo de cierto autocanibalismo.

Me gustó mucho.

Un saludo.

José Antonio Fernández dijo...

Por cierto, no veo el modo de seguir lo que vas escribiendo.

Intento suscribirme a tus entradas pero no me es posible.

Ío dijo...


Muchas gracias, José Antonio, me alegra que te gustase este poema.
Gracias también por querer suscribirte.
Un abrazo.

m.