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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




14 de diciembre de 2013

La muerte lenta



De mi cuerpo insalvable
tu cuerpo en armadura
este frío metal
que se me clava grácil en el sueño
y me atraviesa.

Qué desgarro no siento
que rota una mujer
se adivina en el sexo un acertijo;

qué dimensión habitas, loca
humedeciendo con tus labios
los pestillos de cada puerta
los falos de los otros verbos
que jamás se desnudan
y asaltan la faringe con sus manos
en pos de la saliva.


De mi cuerpo lacustre
y toda el agua dentro
ese sudor sin ti, estos sudores míos
y en el vientre un león
y en el pubis doncella
qué ombligo, qué agujero no te nombra.
Mi cuerpo de novicia
sin tu cuerpo de clérigo.

Esta es la torsión de la espalda
esta es la vulva que te enseño
con el himen y el clítoris
más adentro tu lengua ardiente
lasciva y de animal en celo
olfatea y apremia, escarba mi lamento
todas mis muertes infinitas
en mi infinita muerte lenta.


Y aquí tengo mi sombra, y aquí tengo el puñal
como una sierpe en mi cintura
haciendo arder la carne de la flor
como un dios de exterminio.



1 comentario:

Julie Sopetrán dijo...

Creo que este es uno de tus mejores poemas, Ío. Extraordinario de principio a fin. Felicidades!