cabecera
















¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




4 de febrero de 2014

Va quedándose conmigo



Me tomaría el desayuno si de verdad supiera que el poema no se va a alimentar con él, si supiera que entre sorbo y sorbo y mordisco a la galleta, el verso se fuera a quedar en el horizonte de la taza, allá tan lejos que por más que estire la lengua no lo pueda alcanzar.
Es difícil darse cuenta cuando la cuchara revuelve el azúcar y la letra bucea como una flor de nata indisoluble, es difícil encontrarle una solución al movimiento de giro que imprime la mano, solitaria y sola, persiguiendo un renglón de saliva en el terciopelo de la leche.

Este poema desea saber a mandarina porque miro una mandarina y me apetece más comerla y que así el poema, en vez de líquido, me salga con carne y alma de fruta, y lo quiero cuadrado porque me gustan los poemas cuadrados y sin puertas, o que las tengan y cerrarlas contigo dentro.
Porque te encierro para que el océano crezca en ti como si fuera un bosque de olas.

Pero hay un lobo y me abre las piernas, me las abre tan de par en par que ya no soy mujer y soy una bóveda con un aullido dentro, soy el animal que vive en mí y me abraso en la boca.
Estoy llorando y no lo sé.

Esta agua no tiene edad ni pronombres, sólo los adverbios conocen su sabor y pueden darle un sitio donde correr. Allí. Acá. Tal vez más lejos, o más cerca. Donde la sombra no tiemble.
O donde el mar.


Va quedándose conmigo, y lo veo pero no estoy con él, y la tierra se me muere en el regazo, sin resistencia, sin echar raíces ni preguntar por qué su ausencia delimita con la rosa de los vientos y con la calma.

Qué náufrago puedo enterrar contigo, qué osamenta encontrarán al exhumarte de mí.



No hay comentarios: