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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




13 de marzo de 2014

El poema



Qué poema puedo escribir si no tengo ganas,
si me levanto como si se levantara la noche
y el poema es un átomo delgadito
recién atropellado por una apisonadora.
Qué verso ha prendido bajo los párpados,
cual me dejará enterrada en el hoyo
con las manos haciendo señales de humo
mientras todo parece hermoso en el espejo
donde él se mira como si no tuviera mis ojos.
Qué poema discute conmigo, qué puedo decirle
para que abandone empeño y manía
y me toque sólo lo necesario
para que no tenga que enseñarle la boca
manchada de nieve, llena de agua corrupta.
Y el verso crece, cree que en su tamaño
le voy a pintar girasoles bailando conmigo,
creerá tener una nubecilla y pajarucos
porque se siente rama, porque no sabe
lo que acecha detrás de los límites
de la fotografía de la lengua,
de su piel en la alambrada.
Los labios cantarines han encontrado una sima
y adormecen sus agujas entre los huesos
de las palabras, tienen miedo a lo oscuro,
a los cadáveres desfilando pintados de rojo,
tan pequeñitos, tan harapientos, tan míos
como las mismas ganas de escribir el poema
y hacerlo trizas con las uñas.
Pero qué poema es el otro,
cual me recorre y me observa silvestre
abrazando mi desnudez el tallo de un rosal
florecido en la garganta del reflejo,
en el reflejo que él mira como mira el aire,
la lluvia, la piedra, el jardín,
la sombra,
y lo mira todo y él en el espejo, y él espejo
y yo mujer
y el poema.




2 comentarios:

Nahuel dijo...

un encanto io. Todo se ha dicho ya, más que no sobre el nuevo reconocimiento. Un placer.

Saludos, Nahuel

Julie Sopetrán dijo...

Precioso, para enmarcarlo!