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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




17 de marzo de 2014

En mi costumbre de matarte



En mi costumbre de matarte
cuando te pienso con mis pájaros
un poco ausente, cerca del silencio,
en este medio tiempo de rumores
y espacios malheridos, donde apenas
se nota la caída de la sombra
dispuesta entre espinos y alambres,
hago de la llegada del relámpago
un canto a medianoche.

Ceñida la esperanza a la cintura
vuelco en mi ombligo el antes, el después y el ahora
de todas las novenas que recé
nombrando a un dios en los altares
mientras el hacha susurraba acentos
al talar el pie de las rosas.

Sujeta mi garganta al humo
la comparo con un desierto,
me arrodillo en el horizonte
y su voz dice tierra.




1 comentario:

Julie Sopetrán dijo...

Leerte es cantar, sentir la música de tu verso, perfectamente unida a la palabra que te habita. Un gran poema, Ío...