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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




11 de abril de 2014

Espejos de sal



Ven a mí, me dices sin que me dé cuenta,
yo me quedo pensándote en otras lluvias
distintas, como si el agua fuera el acento
que llevo entre las manos, con prudencia
para intentar que no desborde.
Alguna ola se me cae,
no puedo evitar tener los pies fríos
y al querer descalzarme de su tiritona
tiemblo con las vocales desarrapadas
y me voy quedando en el eco que no me ve.
Ven a mí,
y yo te espero donde la lengua te habla
siempre allí conmigo, y tú, que en ella te desnudas
te pones tus ríos mientras los pensamientos
descienden por tu garganta.
En medio del puente estoy y veo llegar un barco
al puerto donde la habitación se hunde
en un griterío de gaviotas ensordecedor,
nadie a la vista y estrecho los ojos
en la línea divisoria de las palmas de tus manos.
No estás y el ven a mí se desfigura,
la espalda de una canción se acerca en un horizonte
rodeado de espinas y sombras.
La inmensidad es el peligro
al llegarme a los espejos de la sal.
Puedo sentir la unión de los colores,
el negro y el blanco se parecen en mi locura
a un cuervo de arena, y lo escribo
mordiéndome el labio hasta el beso.
Ven a mí, me dices sin que lo note
y mansamente agonizamos en una playa.





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