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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




15 de abril de 2014

Nuestros labios de helio



Hablo con la noche
en este instante de oscuridad sin límites,
hablo contigo y escribo sólo para mí
dictándole silencios a la luna.
Traspaso el lejano umbral del halo nocturno,
su materia cristalina en mis manos
recrea paisajes de verbos azules,
onirismos de la piel en su perfume más interno.

Hablo contigo y todo es callado,
íntimo en la desnudez arrojada al enigma
de nuestra tenue forma oral;
somos ahora mismo el contorno de un mundo
de vacío, una consonancia rítmica
y aprendemos a ser nosotros
el agua de un tiempo ya inexistente
extraviado en el refugio de la Cruz del Norte
y su asterismo de luz.

Hablo contigo y conmigo a la vez,
tú escuchas la voz de mi cuerpo,
yo la tuya mientras le dices la palabra
a un ángel en mi ombligo, y le dices,
amor, le dices haciéndole el amor
al espejo de mis peces oscuros.
Yo soy Deneb, eres el Cisne,
soy el caudal de tú ave, tú en la lejanía más cercana
de una pluma de iridiscente sol.

Cuánticos en nuestra esperanza sin tiempo
hacemos de un año luz una milésima de segundo
y nos acariciamos con los púlsares
de nuestros inertes labios de helio
hasta estallar como supernovas
en un pasillo de lento e insaciable temblor.


Hablo contigo
y sólo escribo para mí
dos o tres versos junto a tu aliento
donde el poema habla de sí mismo
y hablo y pienso conmigo en ti.




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