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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




23 de abril de 2014

Poema



Te escribo este poema
con sílabas crecientes
a mediodía.
Su arquitectura dicta niveles declinados,
todos opuestos
dirigidos al eje del absurdo
de la ausencia y sus cauces,
más propios de los pájaros
que de nuestros olvidos.
Te escribo a veces con la carne,
otras diciendo lluvia, te escribo casi siempre
con un dolor entre las manos,
blanco y negro, dolor de agua
de nube sospechosamente enferma
de sed y de lamentos.
Como un cuchillo nado por tu sangre
y no es con la palabra que lo intente,
es más bien que me ensaño
conmigo misma,
y al matarte me mato, con tu muerte
sangrando en mis arterias.
Solitaria y sin voz vuelvo a besar tus labios,
el escondrijo donde guardas
el riesgo de la noche más hermosa
y su accidente pasajero
es en mí lo que escribo.





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