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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




12 de abril de 2014

Ruido de pájaros



Un poco de sangre
para ser capaz de admirar al cuerpo,
y entender que todo funciona
dentro del orden mínimamente establecido
por las pastillas y las palabras.
Porque el cuerpo, aun a oscuras, responde
cuando le hablas, escucha también
el exceso, la respiración,
lo inhabitable del silencio,
y la escritura sin reglas
de cada animal que le pertenece
cuando llora.
Es insalvable el harapo, la piel
que no se curte y la rueda atropella,
todavía antes de que la vida se decapite
y unida al tronco huela mandarinas,
flores en los precipicios, incluso nubes
porque las nubes huelen a poesía,
como la luna, como tus labios,
como sólo en tus labios puede oler
el aroma del agua recién lavada por la noche.
Un poco de sangre y una boca
para elevar el muro alrededor de las alas
que te cobijan, ya dormido, ya ausencia
en los intervalos eternos de las cosas,
cuando germina el tiempo bajo las uñas
y nos arañan los besos de la nieve.
Un poco de sangre, no más que la que golpea
mi garganta como si fuera el ruido
de un pájaro nocturno
rompiéndose contra la ventana
de una casa enferma de verbos
que no es mi casa
ni es la tuya
sino el hogar de nuestros ojos
cuando se besan.



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