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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




26 de mayo de 2014

La luz que muere



Yo soy la luz que muere y se arrodilla
delante de la sombra de los árboles,
la del vientre agostado en la penumbra.
Yo soy lo más cercano a los vacíos
de la comunión con los imposibles
sucesos de la aurora y de la sangre.
Soy de la fiebre, de la enfermedad,
la del presagio oscuro y de la voz
suicida, soy la célula sin sueño,
el dolor de la grieta de la noche
más antigua, la entraña del sigilo.

Quizás prefiera ser el pájaro sin rama,
un bulto en el costado de tu nombre,
o la aparente calma dentro de algún poema
escondido en la herida de los verbos.
Quizá prefiera ver la lluvia,
pronunciar los espejos de sus gotas con risas
y muecas, sin palabras decirte en el alud
de tu cuerpo en el mío, ondulando mis piernas
alrededor de tu sexo nocturno.
Quizá prefiera el todavía amo
y sentir en el vértigo tu carne
anunciar en la piel un verso.


Yo soy
y a veces no lo soy
y no quiero saberme.






1 comentario:

Julie Sopetrán dijo...

Hermoso comienzo... para no dejar que esa luz muera. Un gran poema de identidad que no se deja ser. Pero es.

20:38 Eliminar