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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




25 de junio de 2014

La muerte adentro



Pintas tus labios con carmín de agua
y no esperas besar a nadie
porque a tu alrededor
se hicieron las hormigas un refugio
oscuro para amarte.
Le cedes a tus manos los colores del sueño,
las irisas y piensas que tal vez
la voz no pueda hacerse arruga
y en la boca te crece la aritmética.
Estás haciendo números,
todos tienen delante un cero
y al escribirlos se confunden
y se besan sin verse los secretos
mientras la noche los ensucia
en cualquier otro mundo
de fantasía bajo el párpado.
Observas como pasa el viento
y se lleva las nubes, te distraes y llueve
desde el mar hacia lo insondable
de una gota mecida en otro cuerpo.
Resbalas con tu ausencia hacia un pronombre
y lo dices callado, retorciéndolo
con la declinación de un subjuntivo
que te oculta en el sexo una forma verbal,
quizá un poema
disfrazado de agua y beso.

Pintas sus labios con carmines
de espuma y pájaros
y en el umbral del agua
nosotros
la muerte adentro.







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