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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




3 de junio de 2014

Poema



La solución al poema
es como siempre lo es
llegar con vida hasta el último punto
que te impide abrir más los ojos.
Es seguir con la boca llena de clavos
intentando que la lengua no traduzca
los silencios a cualquier otro de sus alfabetos,
que los adjetivos no se desmoronen
y la piel consiga adecuarse
a cada verbo recíproco.
La solución, sin duda, es extraña,
aunque te toque a ti el número redondo
y su soledad te pregunte por qué la sangre
es la respuesta a la salida y no lo es el cero
que tienes delante de los labios.
Algunos poemas se quedan adentro
como si fueran heridas abandonadas
y no quisieran llegar a su conclusión,
se quedan y casi difuntos
no saben qué decir y hacen gestos
como si lloraran y se quedan y son las raíces
de los árboles que intentan echar ramas
cuando se están quemando,
y entre los dientes el amor, el viento,
su huida, es la respuesta a lo intransitivo.





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