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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




5 de junio de 2014

Tú me traías flores



Tú me traías flores,
yo te regalé el mar.
Venías con las manos llenas
y en tu boca una espina
me recordaba un silencio de amor.


Me miro los zapatos pensando en escaparme
con la misma agua de anoche.
No vayas a querer beberla
-te digo suspirándome los labios
su violenta rotura-,
como si fuera agua de piel
que no quita deseo y es amarga.

Esta jaula me retiene fuera de ella
y estoy esperando si sus bordes
pueden trazar otros animales alados
-o unicornios o camellos-,
si sus sombras sobre la hierba
no se parecen a un líquido flotante
y están muy quietas
mirando la entrada del océano en la costa.


Tú me traías flores y yo te regalé el mar.
De nuestros párpados sin playa fluye el horizonte
embarcado en un velero de arena.
¿Es posible regresar a la duna
y no llorar a los difuntos en el cuerpo ácido
de una rosa posiblemente gris?


Hay una mujer en el fondo del mar,
y un hombre con un ramo de flores.





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