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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




17 de julio de 2014

Dame un sorbo, sirena



Había uno, tan sólo, y en su guerra
el hombre construía acantilados
para ascender del fondo de la sombra
y dormirse en la luz del agua
recogida de algún poema.
Corría transparente su destino
sobre un desierto de corales,
él era aquella espora que lloraban
los labios del océano
desde los ojos de la niña
acostada en un túmulo de tierra.
Y el hombre se rompía y naufragaba,
creía el agua roja que era sangre
y enturbiaba mareas en la lengua
de los peces heridos.
Un hombre dice un sorbo,
dame un sorbo, sirena,
pregúntame por qué me muero,
por qué esta piel de liquen
aprisiona mis huesos y me encierra
en las escamas de una isla.
Una vez sucedió que un hombre
contenía en su boca la fragancia
de un paisaje marino.
Dejó su rastro un pensamiento,
beberse a sorbos una playa,
toda la arena.




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