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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




9 de julio de 2014

Sé quien me muerde los labios


De noche miro el viento
y soy yo quien rompe los cristales con los ojos abiertos.
Mi madre me contó que recoger cerezas
hace tiempo estaba prohibido.
Mi madre me decía
que no tocara eso
que se queda
entre la piel y el lento abrazo
como si ya fuese un muerto
y perteneciera al otro mundo,
eso que se queda tocándote las ganas
y te roza en los espejos.

Si no estuviese contigo muriendo
a cada paso que da la sombra
hacia los cuerpos y el polvo
no sabría qué parte de la palabra
es más líquida. Si estar tan cerca
de su significado se parece a un cielo rojizo
sé quién me muerde los labios.

De noche soy yo
y me tiento los dedos, cada huella
aun antes de dejar en el aire el aliento,
me tiento y me toco, me escribo
como si sangrar fuera el rumbo
de todas las letras y de todos los símbolos
de mis abecedarios.

Una grieta radiante y la transición sucede,
estoy insomne como puedan estarlo las horas
en ese tiempo de nosotros, inevitable y de río
alternando la corriente con la calma
cuando el deseo siempre amanece en vigilia
y se nos hunde el destino
carne adentro.




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