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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




9 de agosto de 2014

Islas de arena







Nos gustaría el color de la tarde
que miran nuestros ojos,
descomponer sus tintes
con los ocelos de una mosca.

Han pasado las nubes y nos andan
los horizontes en las manos,
este cielo es un ruido a la deriva
y todas las palmeras en silencio
nos acercan al mar.

Estuve contigo y junto a las sombras
ignoramos los espejismos
de las islas de arena.
Con la llegada de la oscuridad
el agua es luminosa
y nos deja escribir una palabra
en la orilla de cada nombre;
la tuya inicia un gesto solitario,
la mía es un esguince
y ambas se cuentan en secreto
otras palabras en otros colores.

Podemos correr sin motivo
hacia la insolación
y despertar en el refugio
de un poema sin rostro
para poder mirarlo
y después, frente a él, quedarnos quietos
esperando, si llueve, a que nos diga.



A Juan S. Rojas Miranda







3 comentarios:

Walter Greulach dijo...

Bellisimo mi estimada amiga. Me tomo el atrevimiento de compartirlo. Besos, que estés bien...

Leticia dijo...

La mirad de dos los que deben ser uno... quizá esperando la respuesta.
Besos Ío.

Ío dijo...


Gracias, Walter, me alegra que te parezca bello.
Agradezco tu atrevimiento, amigo mío.
Un abrazo para ti, y que estés también bien, y siempre.


Leticia, tu lectura y palabras son de agradecer.
Un placer que vinieras, poeta.
Un abrazo veraniego


m.