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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




18 de agosto de 2014

Séptimo día



Mátalo por lo menos dos veces,
mátalo como si lo mataras dentro de su tumba
y otra vez mátalo para estar completamente seguro
de que no existe memoria ni biología.
Mátalo con el alma por delante
con la arista de cada miedo,
con cada una de las caras de la furia,
con todos los rostros fingidos.

Mátalo con la serpiente de Eva,
y así matarlo siempre porque es necesario,
por el sabor de la manzana
y por la propia Eva.

Mátalo con todas las muertes disponibles,
con la muerte enferma, con la otra bajo la lápida,
con aquella muerte debida a las horas feroces
y a las bocanadas de frío.
Mátalo consciente y mira su sangre derretida,
mírala y mata cada célula.

Mátalo a pedazos y entero mátalo un siglo,
cien años matándolo no se harán eternos
y el látigo con que lo mates hazlo
con su mismo ojo y entonces quizás su ojo
comprenda y llore su víscera seca.

Mátalo con un golpe doloroso,
con una piedra o con la bala de azufre de su labio,
mátalo en su sombra maldita
y a plena luz del tiempo de la flecha.
Mátalo por dentro, cada indicio, cada sístole
y el espanto de la demencia.
Mátalo como si dios descansara en el séptimo día.




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