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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




26 de septiembre de 2014

Influencia



Te pones por encima el sol para cobijar tu desnudo
porque a veces tu sombra
es el primer abrigo del invierno.
Llegas hasta la piel y la traspasas
abriéndola en sus límites profundos.
Todo es posible entonces y la maraña del deseo
se acumula en la boca
y en el recorrido del vientre
una caricia es el umbral
de una nueva estación de frío.
Supones una canción en el fondo
avanzando hasta la ceniza;
quién está dentro,
a quién le pertenece el cuerpo
de la marea primigenia.

Pero vienes conmigo y los cristales
no consiguen silbar,
sólo acercarse al agua cuando les llega al cuello
y la palabra angosta cae
abatiendo el olvido
en la garganta de la hoja.

Sobre la ausencia el último, siempre el último beso,
y un pensamiento de mujer nublado.




4 comentarios:

Julito Chés dijo...

Grito eternamente repetido pero no por ello ni menos veraz ni menos actual cada vez.

Anónimo dijo...


Mis disculpas, Julio, he cambiado una palabra por otra.
Saludos, salud.

m.

Julito Chés dijo...

Oh, Io, disculpada.

ANTIQVA dijo...

El sol cobijando el desnudo de los humanos...

Que idea tan bella...

Un abrazote, Ío