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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




11 de septiembre de 2014

La más hermosa hondura








Que se nuble el sol no tiene nada que ver con la tristeza. Que cuando llueve algo cae es cierto, y no sólo es la lluvia en la playa, es aquella piedra que se moja y el pez que se refugia del agua dulce en los ojos de una mujer callada.
Que el ahogo surja necesario no es silencio ni es grito, es el deseo de cada pronombre que se ahorca con un hilo de seda, y se estrangula, se siente en la garganta la cuchilla que va acercándose al hueso y la laringe no es capaz de articular un sonido.

Sólo un número palpita más adentro, el número siempre.

Que el estrépito del derrumbe no destruye la casa y la edifica más alta todavía como si llegar al cielo y rozarlo con la chimenea fuera la meta de los pies acostumbrados a las cifras que van del uno al cero debajo de sus uñas pintadas de colores por la mano de un niño inesperadamente adulto.
Que el daño semeja un poema de cuerpo entero.
Que el verso viene a atacarte como un soldado armado hasta los dientes para que al morir la sangre impida que lo leas y así olvides y creas que más lejos un muerto murió contigo una madrugada cuando el mundo era otro y el verano sólo dolía en los desiertos.
Que la montaña se convierta en lodo no importa ni que te hundas con los piernas frías porque al final el barro es agua y tierra y hay golondrinas que hacen su nido con el estómago lleno de insectos mientras cantan y vuelan y los murciélagos no lo saben porque llegó la oscuridad y cada pájaro en su rama duerme rodeado de árboles y de signos.

Que en los jardines sombríos crezca el musgo y quieras acercarte a beberlo no es otra cosa que tener sed de invierno y de sus crisálidas, no es más que mirarlo en su ausencia y tocarla, porque aún es posible que la noche tintinee y se escuche como cae su lengua sobre las cicatrices recién besadas.

Fue antes de ayer, a eso de la medianoche intacta.

La más hermosa hondura que alcanza la marea.





3 comentarios:

Leticia dijo...

Ayyy ... preciosa prosa querida Ío. Las honduras descritas así me envuelven. Beso salobre.

Carmela dijo...

Media noche intacta, un lugar mágico.

Besos.

Joaquín Galán dijo...

"...aún es posible que la noche tintinee y se escuche como cae su lengua sobre las cicatrices recién besadas."

Una prosa brillante, en perfecta comunión (comunicación) con la naturaleza y con los hombres.Un ver más allá de lo obvio,con oficio de poeta...

Por fin puedo comentar tus escritos Ío!! :)Se agradece.

Abrazos, amiga.