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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




5 de septiembre de 2014

Poema



Cada poema es una semillita en el útero,
un embrión diminuto con un pequeño grito en la boca
rodeado de células y líquido crepuscular
que te embaraza pero no hace crecer el vientre.
Pasa el tiempo, no demasiado, y tal como está
el origen decide tomar aire,
escindirse de su amnios
y bifurcarse es lo más parecido a nacer.
Puede doler porque no asoma,
porque su cuerpo descabezado
no cabe en el túnel de la razón
y sus ojos, sus ojos son dos pasadizos secretos
por donde el mar entra y sale
en un gozo intermitente.

No hay sangre en el momento del parto,
todo lo más un hilillo en una playa
que recuerda fue azul o fue un verso
hasta que en la orilla bebe la sed
y se hunde bajo la arena.

Hay un poema en el fondo de un mar.

Del ombligo y cuerpo adentro
el cuerpo afuera sabe, conoce,
entiende de oscilaciones y señala
la piel vacía, el cascarón que lo contuvo
aquel tiempo inmortal, roto, indiviso,
acaso fuego o cimiento de piedra aislada
o mano alcanzando el fin.




2 comentarios:

Carmela dijo...

Que cierto es que cada poema es una semilla creciendo dentro, que un día, sin más, nace, y qué hermosa comparación con el mar.
Me encanta las imágenes del poema, tan llenas de fuerza y vida.

Un beso, y cariños.

Ánima dijo...

Qué belleza, M...