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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




2 de noviembre de 2014

No tardes, ven



Estoy esperando que vengas,
no tardes, tengo tu nombre entre las manos
huérfanas de flores
y un jardín para enterrarte vivo
junto a la letanía de las sombras.

Estoy dispuesta a aullar mientras cavo
agujeros con los ojos,
a separarme de la luz del atardecer,
mirar solamente las lombrices de tierra
y la suave piel de los topos
convertida en tu piel de fuego fatuo.

Pero ven, no tardes,
te espero en el litoral de una lágrima,
en el de mi pulso
con todos los labios encendidos,
no te entretengas con hormigas,
olores o meteoros, la luna es pequeña
y todos sus lunares se equivocan de cielo
en cuanto aparecen tres o cuatro nubes
delante de tus labios.

Ven de donde estás, dónde estás, amor mío
en esta hora de entierro y humo,
ya he rezado mi yo confieso y prendido velas,
le he dicho a nuestra tumba que aguarde,
que no se llene de agua
antes de tenerte en su seno;
ven desnudo, con la herida del sol
sobre tu espalda de barro,
ven a ayudarme a hacer de esta vigilia
el destino de los huesos, a envolverlos
con el perfume de las rosas
que se lleva el aire hacia su abismo.

Cantaré nuestro epitafio
como si fuera una saeta de silencio,
seré Magdalena subiendo a la cruz
para arrancar de tu sangre la muerte
con la agonía de mi beso.

No tardes, ven, y si al venir no estoy
estaré allí, esperándote contigo.





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