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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




29 de noviembre de 2014

Un día son las ocho



Vienen siendo las ocho,
el reloj no se mueve de la niebla.
Lo miro de instante en instante
y no parece avanzar. Duerme.

Son las ocho otra vez
de una nueva media hora en el humo
y la dificultad de la palabra
no sabe dónde disiparse,
si en un segundo flojo y vago
o en los tiempos de riego
de cualquier flor emancipada
por fuera de sus pétalos.

De nuevo son las ocho.
Recorro el tiempo a nado
sumergida entre errores
y cúmulos de mezclas,
el sonido de los metales, el agua, la ceniza,
son motivos estáticos
y las campanadas en la cabeza.

Dieron las ocho
y un avión sobrevuela el aire
dejando estelas donde veo tu cuerpo
como si fuera la intemperie
protegida en el ámbar
de los transcursos de mis manos
reteniendo tu boca
entre las grietas de mis sueños.

Las ocho, son las ocho,
no puedo mirar lejos,
sólo detenerme en las sombras
del segundero y temblarle a la noche
consolando su frío con espejos
donde verte es tan imposible.

Un día son las ocho
de la mañana, de la noche,
las ocho en punto dentro de la niebla.





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