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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




30 de diciembre de 2014

Qué tenía en la mano









¿Qué tenía en la mano?, recuerdo que la abrió y al principio no vi nada porque cerré los ojos.
Se abría la mano y era como entrar en casa y ponerse a decirle a los espejos he vuelto, he vuelto a la casa.

Qué tenía en la mano que era viento pero al darte en el rostro te leía y despeinaba tus cabellos como si fuese risa o un jardín te subiera por lo tobillos haciéndote cosquillas el aroma de las flores o su eco, como si una mariposa te levantara el vuelo de la falda sin hacer ruido o haciéndolo chiquito con un dócil crujido de tormenta.

Recuerdo la mano cuando callada y en un susurro de luz parecía un bosque de árboles viejos. Y la mano era las raíces de todas las heridas, era la sangre de las sabinas sin tronco que no acertaron a crecer hacia el cielo llenas de pájaros y lluvia. Recuerdo el dolor de sus huellas y la melancolía de la casa en la mano, las inmensas gotas de frío que intentaban convertirla en un helero.

¿Qué tenía en la mano?, me acuerdo de los pliegues de sus dedos formando un cuenco, un pequeño lago en el que los cisnes iban del sur al norte en una migración desconocida, regresando siempre al gesto del meñique cuando los acariciaba como si él también fuese una pluma; recuerdo los andares del agua y sus pasitos cortos alrededor de las aves, dos o tres olas que aparentaban sueños.

En la mano que se abría deliraba el poniente y formaba espirales a veces de fuego, a veces no decía nada y otras lo decía todo y se apoyaba en la boca tiernamente y entraba a la casa por la puerta pequeñita y angosta de un estoy contigo.
Quería la mano hacerse un puño pero la voz no le cabía dentro y salía formando colores habitados por hormigas que traían hojas verdiazuladas o rojas y oscuros grises desde el sendero de las uñas.
Toda la mano parecía un mapa y la mano misma era el mapa donde el agua caía y al abrirse se internaba buscando náufragos adormecidos en su sed de tierra, buscaba una costa para hacerla de cristal y asomarse más adentro, para llegar a las arterias y sentir el pulso de los insectos cuando los atraviesa una espina.

Qué tenía en la mano si era un temblor de rodillas y apenas la abría te besaba igual que besan dos labios y una lengua, qué tenía y qué era su mano si más que mano era beso en la carne y te nombraba desnuda dándote un nombre con aquel beso en el ombligo.

Y la mano imposible se abría y te hacía sentir un escalofrío porque te tocaba y al tocarte era como si siempre murieras y murieras nunca o todas las veces muerta estuvieras viva.

¿Qué tenía en la mano?
Recuerdo cuando la abre y al principio no veo nada porque cierro los ojos dentro de ella.




2 comentarios:

Isabel F. B. Quirós dijo...

Qué maravilla tu prosa, Ío, si bien para mi cuanto sientes y transmites, es poesía.
¡Enhorabuena!
Un abrazo.

Ío dijo...


Muchas gracias por tus amables palabras, Isabel, me alegra que te acercaras, :)
También lo entiendo yo poesía, y también prosa, o prosa poética (aunque no lo sea del todo, o no sé)
Un abrazo, poeta

m.