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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




18 de enero de 2015

El poema duerme



Duermo como si en realidad durmiera dentro del poema
y está vacío.
A la vez descubro que le observo y es un charco
y el agua me llega al cuello
por hacerme feliz ver caer la lluvia.

Esto es entonces el sueño y su forma indecisa
amaina con un olor a cerezas
totalmente imposible de ignorar.
En el círculo soy un adónde
y antes de dormir me aferro a los itinerarios
de cuando olvidé los trenes, cuando hacía frío
y los árboles eran los verbos y corrían
a hacerse poema,
este
y me parece un hijo, otro hijo autista
y se refleja en mi rostro y aprende a sonreír
mirándome la boca desde su cerradura.
Duermo más bien como si durmiera
hasta recordar los huesos
de aquellas cerezas y los cipreses
se perpetúan en mi garganta
con su aire invernal de pronombre en el éter.

Es la maleza con todo su significado tambaleante,
hay un océano y en su profundidad se yergue la geografía
derramada en el interior del verso.
No tiene escapatoria hacia otra situación, es un obsequio
de vigilia o un contorno en las cuerdas vocales.

Me hago la dormida
el poema duerme.






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