cabecera
















¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




10 de enero de 2015

Un hombre en una silla







Hay un hombre sentado en una silla.
No tiene piernas
y las perneras de su pantalón
están dobladas como su sonrisa.
En la esquina del hospital
- en un entrante bajo las casullas-
cierra los ojos, fuma de través
y una enfermera lo saluda
acompañada de la sor
de entrecejo fruncido.

Hay un hombre sin piernas
y quiere acercarse conmigo
hasta el bosque de antaño
a detener el tiempo con el humo.
Allí nos dará el sol.
Sus pies echan a andar las ruedas,
camina lentamente hacia la sombra
y su boca se pone a llorar
rescatando del cielo toda el agua.

Hay un hombre casi vacío
y se va llenando de nubes
tan torrenciales como ríos secos,
se va llenando de hojas
y sus muñones de tristeza.
Es todavía pronto pero dice
que no puede trepar al árbol,
que suba yo por él
y le traiga aquellos rayos de luz
porque luego estarán marchitos.

Un hombre fuma, se aparta una mosca
y al otro extremo del jardín a oscuras
un miruello nos canta y nos observa
con sus ojillos en el ámbar.
Una rosa, tal día como hoy,
parece pobre y sin aroma.
Nadie salvará al hombre
de su cruel biografía.

Un hombre está sentado y a la vez
cruza la calle y se aleja distinto.