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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




16 de abril de 2015

preexistencia



Una casa con hojas
y en cada hoja hay una ventana
y en una crece un árbol
con hojas amarillas.
La casa pestañea
abre sus brazos que son alas
y muerde el fruto de tu vértigo.

Existe un río para abrir los ojos
por donde la casa entra a un bosque
y un pez le cuenta historias
al árbol de la casa y atesora raíces
de oro y sueños y las ventanas
abren la boca con un ruido
de ramas que acarician al pájaro en silencio
a la ausencia que fluye, a tus manos de cerca.

Una casa es el agua, se hunde,
le crecen verbos, chimeneas
y el humo se alza hacia los fondos
en busca de tus dedos cristalinos.

Preexiste con la espora el rastro
y los huecos se llenan de intenciones,
los deseos se inundan y la casa
se deshace, se agrieta,
se bebe en el ombligo de tu vientre
todas tus luces escondidas.

Una casa con hojas,
con pasillos interminables,
de labios emergidos de la bruma
se suicida en tus ojos y en tu lengua.


La casa existe y las ventanas
refugian tras de sí las hojas
nadando entre los sueños.




6 comentarios:

Omar enletrasarte dijo...

una casa que encierra poesía
saludos

Julito Chés dijo...

Una casa como un libro.
Y algunos libros como una casa.

g dijo...

A mi casa le han crecido también hojas, que son como ojos abiertos a todo lo se perdió mientras permaneció cerrada y muerta.

Julie Sopetrán dijo...

Una casa pletórica de palabras afines...

Leticia Garriga dijo...

Probando

Leticia Garriga dijo...

Probando