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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




3 de mayo de 2015

Cuchillo de posguerra



Desde el recuerdo de mi madre recuerdo
verla matar un pollo con un cuchillo de posguerra.
Lo recuerdo, y la oscilación de la hoja y su jactancia
apretando el cuello, su piel tímida
y el primer poco de sangre,
la primera muerte antes del desplume
en el agua hirviendo. Recuerdo cómo corría
su cuerpo hasta darse de sopetón contra algo,
cualquier cosa o contra su propia existencia.
Recuerdo cómo se miraba a sí, anónimo
desde sus ojillos en la cabeza, a diez metros
de su impaciente angustia.

Recuerdo a mi abuelo, sentado con su corazón casi afónico
en una silla de madera ramplona y atormentada de nudos,
hablaba aunque no se le oía:
"Clara, niña, no lloras", es el hambre se dice,
y las lágrimas se le llenan de plumas.

En la casa que se lleva el río todavía
quedan restos de algunas risas y otras tristezas,
no tiene puertas ni ventanas
no puedes mirar por la chimenea.

Recuerdo la prisa del agua ahogando los techos,
antes sucedieron la guerra y el hocico de los lobos.
El abuelo tosía cárceles
y tierra de su tumba.

Sobre la lumbre se cuecen otras vidas,
más allá el océano sabe de las antiguas.




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