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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




17 de agosto de 2015

Esa luz


Esa luz que guarda sonidos,
palomas y huellas de antiguos tiempos,
que recuerda el fin de la vida
en el principio de la búsqueda,
cuando el comienzo es la intuición
al saber de las fuentes infinitas
que se llevan lo muerto hacia la nada.

Así encontrar la luz
y a modo de vestido sobre el cuerpo
lo endulce con su labio tenue.
Así hallarla en el canto de la costa,
en la última señal de su perfume,
o en la casa de anoche,
hecha para nosotros,
para quedarse y abrazarnos
como una madre abraza
a su hijo.

Oídla, no es inhóspita,
es una luz de madrugada
y asoma de ti, diminuta,
mitad árbol, mitad entera,
entre los pliegues y las marcas
que dejaron las sombras
mucho antes de ser un poema.

Esa luz que aguarda y descubre,
la que no muere y resucita,
ese misterioso relámpago:
la luz que te penetra.




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