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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




7 de septiembre de 2015

En la caligrafía de la noche


Tener conciencia, o no tenerla,
de la semilla recién enterrada
al calor de la tierra silenciosa.
Creer en el latido del otoño
cuando se rompa y la raíz
se sumerja en el sueño de la nieve.

Esperar a la flor en su deseo.

Así quizá el invierno no me duela
tanto
          y en la cosecha de tus ojos
los pétalos sean caricias
muy lejos de la sangre de los peces.


Tener o no tener conciencia
de cada sol que alumbra
a la simiente en su destino,
augurarle no hojas sino viento
para que no puedan sus puños
alzarse contra mí si llueve
y la caligrafía de la noche
no se arrepienta
de sentirme mujer

o todavía símbolo.





3 comentarios:

Abraham dijo...

Sea el invierno la febril rosa
de los vientos perpetuos
a tu deseo.

Leticia Garriga dijo...

Muy cercana tu prosa querida poeta. Un abrazo.

Taty Cascada dijo...

Solo tienen conciencia los que nacen con el privilegio de ver más allá y, tú lo tienes admirada poeta.
Abrazos todos.