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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




11 de septiembre de 2015

resplandor


Se aprende a estar en el líquido,
se tiende a hacer oídos sordos y huecos
a los cuentos de hadas,
a la posibilidad de olvidar para siempre
que el lobo vino a comerse a Caperucita,
aunque su sangre no está en sus intestinos
sino en el río, o vas a saber tú dónde
quedó el latido aquel, el último.
Se aprende a hacer ruido con la garganta,
sonidos que no saben decir otra cosa,
aritméticos en su cantinela,
ruidos desnudos que agitan el viento por encima del agua
y asustan a los pájaros con su respuesta.
Se aprenden las leyes de la disolución de las piedras,
te dan lecciones de gramática y de petrología antigua
para que veas la diferencia que hay
entre el tamaño de antes y el que ahora tienen
las rocas metamórficas y la euritmia de sus gerundios.
Te dices: vocaliza bien, no digas esa palabra de otra manera
porque sólo hay una,
y das clases de idiomas pasajeros
que te enseñan a comerte la lengua
al final de la resolución de la x,
pero no es esa la incógnita,
la incógnita siempre es el cero.

Lo que se licua no tiene idea de hacerse posible,
es imposible, si es lluvia, que cualquier palabra tenga
un útero para crecer y un ombligo
que alimente su cuerpo frágil y diminuto,
es imposible que no sobre ninguna
y en un espejismo aparezcan
con su piel sobre otra piel distinta,
tan absurdo como lo es ella
o el color de mis ojos cuando siento.
Si se acelera algo es la hora a menos cuarto,
el asunto del tiempo entre las líneas
no corre igual si estás dentro
o estás por fuera de la iniciación a la anatomía,
amando con las manos
o preocupada por si a la sangre le falta algún glóbulo
que no hayas masticado bien
antes de concebirlo sueño en medio de un sueño
que no sabes si sueñas o sueña una boca
en algún punto extraño de otra existencia
contigo.
Luego está la cuestión del poema,
el de la cabeza recóndita,
el del pubis y venus en su gesto húmedo
queriendo mancharse de esperma, poniéndose
al rojo vivo más candente que las brasas
de un fuego que arde acuático
desde hace mil universos.
Y así entonces lo que se define
no es sino una grieta de luz
por la que el nombre se va difuminando
hasta necesitar reconocer en el espejo
el resplandor que ilumina la esencia
en la disolución absoluta,
hasta que la lírica estalla
con cada pensamiento.





1 comentario:

Julie Sopetrán dijo...

Y es ese resplandor tu poesía. Un poema filosófico escrito para la reflexión
de lo creativo. Decirte que me gustó mucho, es poco. Un abrazo.