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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




17 de febrero de 2016

En su semblante el olor de la tierra


En su semblante el olor de la tierra.
El miedo en una encrucijada:
cuál camino tomar que no agonice
el destino en las manos de los muertos.

La mujer escapaba de la noche
con la sangre detrás de sus tobillos.
Las cosas se movieron a su paso,
las piedras le decían que al caerse
herirían sus pies como navajas.

A sus pechos de jardín flaco
- arroyos de ternura
y sol de primavera-
acude el amor de la leche:
en sus ojos un niño
de frío, barro y huesos.

Cuánto anda esa mujer
con sus piernas por los caminos
de las cicatrices que van dejando
las bocas exiliadas de su cunas.
Cuanto más corre más se aleja el tiempo,
más se clava en la tierra
el pájaro sin alas.

Y la mujer corre, sigue corriendo.
La mujer toca con su dedo el rostro,
los descoloridos labios que lloran
con los suyos, de desconsuelo y hambre.



A Ángela Figuera Aymerich
(a propósito de su poema Éxodo)







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