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¿Acaso en verdad se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende,
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.

Netzahualcóyotl de Texcoco




17 de febrero de 2016

gerundio


La voz que escucho,
esta voz que no tengo
y el residuo de la noche
me devuelven impoluta
a la fugacidad de los pronombres.

Gerundio.
Este me pertenece
y lo alcanzo
con el tiempo verbal de mi cuerpo.

Gerundio:
tú y yo llegamos
al vahído y me gusta
cuando me rozas
y salvas los relojes
de los insectos que respiran
el ozono después del diluvio.

Tú y yo,
gerundio de mis huesos
y mis hormigas,
¿qué infranqueable tragaluz
es este silencio de adjetivos
sin demostrar carne, sed o galaxia
venida a la mano que te besa?

Y tú,
gerundio, callas pero
me secuestras la muerte
y la flor se concibe deshojada
entre tus dedos, tu lengua
y el sudor de tu alma.

Decido odiarte
y no es decisión mía
sino de estar entre el labio
y no borrarse los renglones
del deseo estremecido en el agua
de nuestro amor de rescoldo
y cerezos antiguos.

Parpadeo sin darme cuenta
dos o tres recuerdos,
el estómago, el vértigo, la larva
en el vientre, que no son de nadie
ni esta piedra que te lanzo
puede dolerte a ti
sino a mi sangre.

Gerundio,
tantas palabras hace
que te devoran mis cicatrices.






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